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Grito de guerra, por Iago Palmeiro (@Iago_Palmeiro)

por Lugoslavia 10 abril, 2015
Tiempo de lectura: 2 minutos

Hace ya tiempo que la familia lugoslava me brindó la oportunidad de apuntar unas líneas en este estupendo blog, que carece de cualquier pretensión más allá del amor por nuestro club, por lo que he decidido corresponderles con esta sencilla contribución, escrita desde mi desconocimiento futbolístico pero con indeleble letra rojiblanca.

Diga lo que diga mucha gente, pocos planes hay en Lugo más interesantes (para un futbolero) que asistir al Anxo Carro, particular templo balompédico. Olvidarse de la pesada rutina, apartar los problemas cotidianos y deleitarse con un fútbol, el de nuestros muchachos, que nada tiene que envidiar al de las rutilantes estrellas del deporte rey. El Lugo se ha curtido en el barro, está forjado de acero y bañado en sudor, y es fiel reflejo de lo que este juego debería ser. Balón y toneladas de pasión.

El aficionado sabe muy bien de lo que hablo, conoce perfectamente ese toque a rebato de los discípulos de Quique, que machacan las líneas rivales con indómita furia bajo la algarabía de sus incondicionales. ¿Quién no ha visto las piernas del guardameta forastero temblar a la salida de un córner, mientras el esférico vuela amenazante, golpeado por la bota de Toni? ¿O la frustración de los defensas cuando Caballero pica espuelas y perfora sus redes con un soberbio testarazo? El lucense aplaude al ver a David López colocar un pase magistral al área; admira la emboscada de Seoane en el mediocampo; grita en el momento en que Ferreiro comienza a destrozar incautas cinturas, salta acompañando la infiltración de Iriome y alienta a Puerto y Borja a resistir las acometidas del rival. ¡Manu, sube; Dalmau, ponla! ¡Pelayo, tira ya! Uno podría describir miles de manifestaciones del respetable y seguirían faltando renglones que reflejasen la vehemencia del graderío y el pálpito de todo el recinto.

El vendaval no suele mantenerse durante demasiado tiempo, pero las más de las veces es suficiente para aterrar al equipo visitante. Ni en mis peores pesadillas puedo imaginarme trotando por el césped, sumido en el fragor de este volcán, vestido con unos colores hostiles hacia la grada, desconcertado por la violencia del martillo albivermello, pim, pam, pum. ¡Gol! El Fondo Norte se viene abajo, la ola surca Preferente, Tribuna y General, alzada por el giro de cientos de bufandas, con un rugido unánime que las aguas del Miño trasladan a todos los rincones de Galicia:

¡FORZA LUGO, OÉ!

Imagen: Thor en la batalla contra los gigantesMårten Eskil Winge1872.

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