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“Todavía no hemos pisado el descenso”, y otros cuentos

por Daniel Martínez Baniela 20 febrero, 2015
Tiempo de lectura: 4 minutos

(Aclaración previa: harto ya de estar harto de todo el ruido que rodea el proceso de enajenación de acciones del CD Lugo, y ante el riesgo de que sea yo mismo el próximo en enajenarme, renuncio a escribir, por el momento, otro artículo más al respecto, aún siendo consciente de que con la rueda de prensa de Mouriz aún calentita, sería lo que procede. Pero me da a mi en la nariz que habrá tiempo para escribir más sobre el particular, ahora que la guerra civil está ya oficialmente declarada y que todo parece indicar que acabará en los Tribunales, esa vista oral no va a tener precio. No obstante, vais a permitirme que hoy, de nuevo y por fin, hablemos un poco de fútbol).

Una de las frases más recurrentes de un tiempo a esta parte en el entorno del Lugo, en las redes sociales, entre los periodistas lucenses, entre los aficionados e incluso entre algún jugador que otro una frase que, a fuerza de usrla una y otra vez, tal parecería que la están utilizando como un mantra que espante los espíritus del descenso, que últimamente rondan demasiadas veces y demasiado cerca de las cabezas de los rojiblancos de a pie. Me estoy refiriendo, como ya leeríais en el título, a ese “todavía no hemos pisado el descenso” que se repite cual morcilla de Tineo.

Y oigan, es verdad, no se lo voy a negar, que ahí están los números. Desde el regreso del Lugo a Segunda División, porque sí, es un regreso, ya estuvimos por aquí hace veinte años, el equipo no ha estado ni una sola vez en puestos de descenso. Lo hemos mirado más o menos de reojo según la temporada, pero nada más. Ni hemos sentido abrirse el suelo bajo nuestros pies ni hemos visto como el cielo se desplomaba sobre nuestras cabezas (terror heredado de Abraracurcix, jefe de la aldea gala de Asterix). No hemos sentido, en definitiva, el agobio de vernos de nuevo en el pozo de Segunda B, ni la necesidad de sumar puntos como descosidos para remontar posiciones. Por fortuna, y también por trabajo y por goles, hemos habitado en esta segunda venida a la Segunda en un clima de tranquilidad que más quisieran equipos con mucha más solera que nosotros, y si no pregúntenle al Decano que nos visita este fin de semana.

El caso es que este año, por lo que sea, el equipo no pita (y esto no va con segundas, Carlos). Encajamos más y marcamos menos, llevamos un déficit de puntos comparado con las temporadas anteriores, y miramos hacia el pozo como la protagonista de “The Ring”, con desconfianza y un poco de miedo. Con cague, hablando pronto y mal. Este año sí que parece que vamos a tener que luchar en serio por no volver a visitar el horror de la Segunda B (que a lo mejor no es tal horror, pero no sabéis lo rápido que se acostumbra uno al jamón como para volver a la mortadela, aunque sea con aceitunas). Parece que este año, definitivamente, toca remar.

Ya el año pasado el equipo hizo una segunda vuelta bastante regulera, por no decir mala, que luego se me ofenden en las oficinas de la calle San Roque, y pasamos de soñar con la Primera (llegamos a estar segundos) a jugarnos la permanencia en la última jornada. Porque sí, aunque parece que nadie quiere recordarlo, el año pasado llegamos a la última jornada con posibilidades de descenso. Pocas, pero haberlas, habíalas.

Y los que enarbolan el “todavía no hemos pisado el descenso” no sé si son conscientes de que no dan puntos extra por eso. Para descender, amigos y vecinos, solo hay que pisar el descenso una vez, que es al finalizar la jornada 42, la última de esta inacabable liga de 22. Ahí es cuando interesa estar fuera de descenso, no antes. Firmo estar en descenso desde el próximo lunes hasta la jornada 41, si acabamos la 42 fuera de esos puestos. Lo firmo con sangre, si es preciso.

Porque, ¿tenemos un equipo preparado para luchar por no descender? O, mejor dicho, ¿Tenemos una plantilla con la fortaleza mental para aguantar la guerra que supone el asalto a la salvación? He reflexionado no poco sobre ello, y mis dudas vienen más por la cabeza que por los pies de nuestros jugadores. No me cabe duda de que, nombre a nombre, podemos competir, y vencer, al Tenerife, Recre, Albacete, Sabadell, Racing o Llagostera. Creo firmemente que no nos encontramos entre los cuatro peores equipos de esa terna, y que, por calidad, vamos sobrados, pero ¿y la cabeza?

Porque ahí es donde creo que tenemos el problema, en la cabeza y en el físico. Cada partido fuera de casa es un suplicio, y en casa se nos dan mejores los grandes que los pequeños, que al final son los que nos interesan para aguantar categoría. ¿Os imagináis lo que puede ser ese vestuario teniendo que salir a ganar, no sé, en la última jornada en el campo del Girona, jugándonos la vida? Se me ponen los pelos como escarpias solo de pensarlo. A los chavales del Lugo hay que suponerles (perdonen la grosería) cojones, con el valor de los soldados, pero mejor no pasar por la experiencia, ¿verdad?

Y por eso es taaaaaaaaaaaan importante el partido del domingo. Porque es un partido de esos de seis puntos, los tres que tú sumas y los tres que deja de sumar un rival directo como es, quien se lo iba a decir, el Recreativo. Así que más les vale a los nuestros ponerse las pilar Duracell, concentrarse, echarle pelotas y salir a comerse el césped del Anxo Carro el domingo, sin contemplaciones, sin friki-taka estéril y sin posesiones largas que siempre acaban en el portero (en el nuestro). Simplemente salir, morir en el campo, y ganar. Cierto, aún no hemos pisado el descenso, pero ganar el domingo es un paso muy importante para no pisarlo en la jornada 42. Así que ya saben, muchachos. Ganen.

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