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En la cuerda floja

por Ramón Rivas 14 enero, 2015
Tiempo de lectura: 3 minutos

Buenos días. Antes de comenzar a desarrollar el tema que tengo en mente, me gustaría aclarar un par de cosas. Y me dirijo casi exclusivamente a los líderes de opinión que se mueven entorno al club, auto-otorgándose la potestad de aprobar o censurar el comportamiento del resto de la afición rojiblanca, como si de tutores legales se tratase.

Punto 1: el hecho de haber comenzado antes vuestra relación con el club, ya sea en un ámbito laboral o meramente personal, de haber vivido las épocas más penosas del Lugo en campos de barro perdidos por toda Galicia, no os concede ninguna superioridad sobre el resto. Y lo digo ahora que está tan de moda el tema de la libertad de expresión. El que haya empezado a seguir al equipo tras el ascenso, o incluso esta misma temporada, tiene idéntico derecho a opinar sin ser inmediatamente ajusticiado. Y pasa exactamente lo mismo con respecto a lo de ser socio, accionista, o socio y accionista. Si me compro una entrada y estoy en el campo, soy un aficionado más, ni estoy por encima ni, por supuesto, por debajo del resto.

Punto 2: Soy consciente de quiénes somos, del lugar del cual procedemos, de nuestro presupuesto, de nuestra media de afluencia al campo y de nuestra memoria histórica. Por criticar al entrenador, a un jugador, a la eficacia de los servicios médicos o a ciertas actitudes del club como institución, no estoy pidiendo que rueden cabezas, ni estoy faltando al respeto a quienes nos dieron la gloria ni movidas raras de ningún tipo. Hablo por mí, aunque creo que hay más personas que opinan lo mismo. Solo aquel que se ancle en su pasado y se escude tras una actitud conformista, será incapaz de seguir mejorando y de alcanzar las metas que se proponga.

Y ahora voy a soltar una frase sobre la que he estado reflexionando, lo cual ya es todo un logro. A lo mejor, no nos lo merecemos. O no nos lo creemos. O yo no sé qué coño pasa aquí. Porque justamente cuando estamos en el mejor momento de nuestra historia, desde dentro del equipo se transmite una sensación de hastío que es muy alarmante. Y ojo, que esto no es nada nuevo. Personas que han tenido la ocasión de presenciar un entrenamiento del CD Lugo se han quedado muy sorprendidas por la falta de actitud e intensidad en el trabajo diario. Y claro, según se entrena, se juega.

Defendí a muerte a Setién desde que llegó al equipo. En Segunda B, y esto hay que atribuírselo a él, todo dios conocía al Lugo porque jugaba de maravilla. No éramos el Barça de Guardiola ni la naranja mecánica, pero siempre intentamos jugar raso y en corto, que no es poco. El primer año nos quedamos a las puertas, y a la segunda ascendimos. La ciudad se volcó con el equipo y esos playoffs nos hicieron enloquecer a todos. La primera temporada en segunda sorprendimos, alzamos la voz y aseguramos que veníamos para quedarnos. Pero a partir de ahí, plof.

Si ya la temporada pasada sufrimos más de lo debido por no ser constantes y dejarnos llevar, el camino que llevamos este año no es más prometedor. Creo que no falto a la verdad si digo que el cuerpo técnico encabezado por Quique Setién ha pecado de relajación, de inmovilismo táctico y de falta de competitividad y autoexigencia. Siempre el mismo esquema, siempre los mismos cambios. Pero los jugadores cada vez circulan el balón más lento, corren menos y se lesionan más. Y nada es casualidad.

Dejando de lado la planificación deportiva, que daría para otro capítulo con luces y sombras, la preparación física no es buena. Ya es un clásico verlos a casi todos desfondados en los finales de partido. Esto, en jugadores muy curtidos como lo pueden ser Manu o Carlos Pita, que llevan años enteros jugándolo todo, se nota todavía más. Todo el mundo lo ve. No son los que conocíamos, pero en cambio siguen sin tener un respiro. Algún día el cántabro nos lo explicará, y de paso espero que nos deje mirar a través de sus gafas imaginarias todos los partidos. Es la única fórmula para salir siempre “satisfechos”, realizando “un buen trabajo”, con “algo de mala suerte”, y eso sí, “condicionados por el árbitro”.

No pienso que la parroquia lucense sea demasiado exigente, sino más bien todo lo contrario. Somos gallegos, y nos conformamos con lo poco o mucho que tenemos. Huimos siempre del foco principal, pero somos intransigentes con las formas. Creo que pedimos actitud, no resultados. Podemos perder, pueden ser mejores que nosotros, darnos un baño y meternos un saco de goles, que no va a pasar nada si damos la cara. Siempre se ha criticado a la afición por fría y poco numerosa, pero ahora considero que es el equipo el que está en deuda con nosotros. Ellos han fallado, y por tanto deben identificar errores, asumirlos, y trabajar para remediarlos. Iremos de la mano, pero recuerden, no hay mal que cien años dure.

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