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1984

por Ramón Rivas 21 enero, 2015
Tiempo de lectura: 3 minutos

“Entonación de cánticos y expresiones ofensivas contra el equipo arbitral en el recinto del partido, durante el partido por parte de los grupos de animación local conocidos como ‘Hinchada Rosa’, ‘Brigadas Lucenses’, ‘Muralla Norte’ y ‘Cheas Boys’ en los siguientes términos: “Hijo de puta, hijo de puta”, “Manos arriba, esto es un atraco”, “Árbitros cabrones, hasta los cojones”.”

“Entonación de cántico contra el jugador del Girona FC, Francisco José Sandaza, por parte de los grupos anteriormente mencionados, en el momento de ser sustituido, en los siguientes términos: “Payaso, payaso”.”

Gran Hermano, Estado Vigilante, Policía del Pensamiento o Neolengua son términos que, para un lector cualquiera de Orwell a mediados del siglo XX, probablemente sonaran a fantasía. A pesar de no atinar con las fechas, el genial autor británico no andaba desencaminado. Hoy en día nos observa el Gran Hermano, nos toma ficha el Estado Vigilante y nos sanciona la Policía del Pensamiento mientras intenta imponernos su Neolengua.

Tras la muerte de Jimmy, ya nada vale. Parece que las altas esferas que comandan el destino del fútbol patrio se han puesto manos a la obra y han decidido, como medida preventiva para erradicar la violencia de los estadios de fútbol, controlar uno por uno todos los campos de España en busca de insultos, cánticos ofensivos o cualquier palabra que no le caiga en gracia al personal.

Como en una epidemia, la DGT y el PP se vinieron arriba para no dejar solos a sus amigos los mafiosos. Mucho cuidado con correr por la calle o tomarte 4 cañas al salir del trabajo, que puede haber un verde a la vuelta de la esquina para empapelarte. Y ya no te cuento lo que va a pasar como se te ocurra manifestarte o protestar por esta estafa social, que caerá sobre ti todo el peso de la ley.

Y yo que pensaba que ya había terminado mi etapa en el colegio, pero se ve que no. Clásicos como “Niño, esa lengua, que te voy a tener que lavar la boca con un estropajo!”, “No se corre por los pasillos!” o “Menos protestas, que aquí el que manda es el profesor”, tendrán que ser próximamente utilizados por la Policía en versión adulto. Todo ello, no lo olvidemos, por preservar nuestra seguridad y el bienestar común, que es para lo que están aquí este tipo de organismos. De lo de llenarse los bolsillos no saben nada.

Intentaré ser claro mientras opino. Yo a lo mejor tengo el día tonto, y como estoy de mala hostia, voy al campo y le llamo hijo de puta al árbitro y al delantero rival. O estoy de buenas, pero se lo llamo igual. O veo que mi equipo está pasando del tema, y les meto tres gritos para que espabilen. A pesar de tal despreciable acto, acaba el partido y me voy a casa. Ni llevo la navaja ni el pasamontañas, y mucho menos tengo la intención de pelearme con nadie. El fútbol es lo que es, en parte, porque provoca un estado de euforia en nosotros y una unión casi fraternal con el del asiento de al lado. Es una forma de canalizar todo el estrés acumulado durante la semana, y una vía de escape muy necesaria.

Pero ahora nos quieren joder. Nos han quitado casi de todo, y todavía no están conformes. En vez de prender al que mata, condenar al que lo intenta y expulsar de los campos a aquellos que utilizan el fútbol como un vehículo para expresar sus ideas e imponerlas violentamente, o a otros que son tan retrasados que ni tan siquiera tienen ideas y se zumban sin motivo aparente (siempre amparados por los clubes, no lo olvidemos), se han metido con el aficionado raso. Yo ya hace tiempo que dejé de intentar comprender muchas cosas. Desconozco si tienen mala fe, si simplemente son ineptos o si lo que quieren es llamar la atención.

Lo que escapa de toda lógica es que intenten poner sus ojos sobre miles y miles de personas cada fin de semana del año para intentar reeducar al aficionado. Y no utilicen a los niños, porque cuando vas con un crío al campo, no vas precisamente a enseñarle modales. Para eso existen otros lugares más apropiados, y todo el mundo sabe a lo que se expone en cada uno de ellos. No me quiero extender más, porque no acabaría nunca. Solo diré que cuando baje al Anxo Carro seguiré diciendo lo que me venga en gana, y os animo a que hagáis lo mismo. Que nos dejen tranquilos, basta ya de tanto Gran Hermano. Evitemos que nuestra sociedad se convierta en el 1984 que dibujó George Orwell.

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