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El buen camino

por Daniel Martínez Baniela 7 noviembre, 2014
Tiempo de lectura: 4 minutos

Soy muy fan de las declaraciones de los futbolistas en ruedas de prensa, entrevistas, reportajes y demás. A los chavales les ponen una “alcachofa” delante y les hacen preguntas normalmente de manual (“¿Cómo vais a afrontar el encuentro?”, “¿Queréis resarciros de la última derrota?”, “¿Creéis que será un partido difícil?”…) ante las que los rapaces, con cara circunspecta y tras valorar la dificultad de querer responder sin meterse en charcos tiran del mismo manual para responder con las frases hechas y tópicos de rigor que no voy a reproducir, por no pecar de cansino, aquí. Así, desde el ya mítico “si, bueno, ¿no?” de Raúl al no menos gracioso “Eu criquí” (sic) de Rivaldo, con el que quería decir “yo creo que…”, todos hemos visto desfilar por infinitas comparecencias a futbolistas generalmente con pocas ganas de responder y menos de cagarla, salvo honrosas excepciones, como aquel “joder, los compañeros que se jodan” de Romario en el Valencia, el arranque de ira de Eto´o contra Guardiola en un acto promocional o algún caso aislado más. El futbolista medio huye de las respuestas complicadas como yo de la cerveza sin alcohol, y a ninguno le gusta que le saquen una “rajada” en los medios. Y menos con Setién, que es de los que aplican aquello de “en la rula no preguntan, apuntan” con los díscolos y los largos de lengua.

Viene toda esta parrafada a cuento de las declaraciones de ayer de Pelayo en las que el buen hombre, supongo que intentando lanzar un mensaje de tranquilidad, le dio por decir que «estamos en una racha un poco mala de resultados, pero no de juego. Estamos en el buen camino de juego y ocasiones, lo que hay que hacer es meterlas”, para acabar sentenciando “y salir más concentrados”. Menos mal que estamos en el buen camino, porque escuchándolo cualquiera diría que lo que señala es que no le hacemos un gol ni al arcoíris, no ganamos ni a las tabas y encima salimos al campo pensando en las musarañas. Ojo, no es mi intención afear la respuesta del chaval, sino señalar como el subconsciente del propio jugador lo debió traicionar, ya que pasó de lanzar un mensaje positivo y tranquilizador a enumerar, con precisión de cirujano, los males que aquejan al Lugo en estas últimas cuatro jornadas.

Cuatro jornadas que se han saldado con dos empates y dos derrotas, dos puntos de doce posibles, y, como bien señaló Pelayo, adoleciendo principalmente de pegada arriba y atención atrás. Y eso que Luis Fernández ha roto a marcar goles justo en esta racha aciaga, de modo que su mejor momento de forma coincide con el peor del equipo, lo cual debe ser ciertamente frustrante, como aquella vez que Pantic metió tres goles en el Camp Nou y el Atlético acabó palmando 4-3. Imagino que lo único peor que no meter goles es meterlos y que no sirvan para nada, una especie de maldición como la que los dioses impusieron a Sísifo, condenado a empujar una gran piedra montaña arriba para, indefectiblemente, verla rodar montaña abajo, y vuelta a empezar. No descarto que un día el burelés haga huelga de medias caídas, o algo, por lo que le hacen correr para acabar empatando (o perdiendo). El hecho de que, si no le ayuda David López, nadie comparte el peso de meter un gol, tampoco ayuda.

Lo de las carajas por las que pasa el equipo, especialmente en los inicios de las segundas partes, empiezan a ser marca de la casa. No descartaría yo que, entre las tácticas de Setién para volver a la senda de la victoria, incluyese darles una taza de café de pucheiro a los suyos en el descanso, ya que lo que ocurrió en Mallorca no se puede repetir, ni por el resultado, ni por los puntos ni por la imagen. Al Lugo se le ve la sangre en el ojo ante equipos que se tienen por superiores, pero divaga y bosteza ante rivales de menor alcurnia, y lo que es peor, nos entra la modorra en nuestra propia casa, en el Anxo Carro, donde lo que habría que buscar es el gol, no la siesta. Pasó contra el Leganés, pasó contra el Llagostera y espero que no pase contra el Sabadell. La tensión es algo con lo que se pueden ganar partidos (que le pregunten al Atlético en la última Liga) e incluso títulos (que le pregunten al Madrid en la pasada Champions), pero sin ella cualquier rival te puede, y que me perdonen las señoritas que me lean, meter mano por debajo de la falda, y creedme que llegado ese momento no van a preguntar si en tu casa o en la mía.

Andamos a cuatro puntos de la promo de ascenso, y a otros tantos del descenso, flotando entre dos corrientes y el partido del domingo será el que tire de nosotros para arriba o para abajo. Naturalmente, a estas alturas de temporada nada es ni mucho menos definitivo, pero no estamos hablando de ascenso ni de descenso, ni de puntos ni de posiciones. Hablamos de la necesidad, cada vez más perentoria, de coger de una vez, y Pelayo me permitirá que lo cite de nuevo, el buen camino. Así sea.

Foto: La Voz de Galicia.

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