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Que pasen cosas

por Daniel Martínez Baniela 3 septiembre, 2014
Tiempo de lectura: 4 minutos

Estimados amigos y vecinos, lucenses y lucensistas todos, le hemos ganado al Valladolid. Ya, ya sé que a estas alturas, casi en el ecuador de la semana, todos estáis al tanto de la novedad, pero yo soy de los que piensan que cuando se consigue un logro de estos, como es que uno de los equipos con el presupuesto más bajo de la categoría le gane a un recién descendido de Primera, hay que repetirlo durante toda la semana. En el café del bar (“Buenos días, con leche grande y una napolitana, que le ganamos al Valladolid”), con un cliente (“Te lo miro y mañana te pongo un mail, que le ganamos al Valladolid”) o incluso a la propia señora, asumiendo el riesgo que ello conlleva (“Cariño, pon el Plus que echan una buena peli, y le ganamos al Valladolid”). Viene bien esto de repetirlo, no tanto para acabarlo de creer, los ojos no mienten, como para darle la importancia debida, no sea que algún día lo tomemos por costumbre y acabemos creyéndonoslo, lo que sería el principio del fin. Se vive mejor en la sorpresa agradable que en la rutina perpetua.

Se ganó con un tanto de Pita, que se prodiga por los lares del gol menos de lo que debería, e intuyo que es más por falta de atrevimiento que de calidad. A veces la pega a puerta como pidiendo perdón por adelantado (“no me lo tome a mal, estimado guardameta, que no va a trallón”) y le vendría muy bien perder la timidez y asomarse más a menudo, como el año pasado hizo de forma sobresaliente su fiel escudero Seoane, que por cierto hizo otro partido más para enmarcar, y ya van unos cuantos, y esto si que os pido por favor que no lo vayáis pregonando por ahí, no sea que alguien lo vea, se le apetezca y la liemos. Chitón en ese tema.

Se ganó y se ganó bien, o al menos todo lo bien que se le puede ganar a un equipo que aspira al ascenso como obligación y que sienta en el banquillo a jugadores por los que nosotros daríamos un brazo, una pierna y a Cordido si es preciso, y si, me estoy refiriendo a Óscar Díaz, eterno ídolo del Anxo Carro, 15 goles con el Lugo y gran culpable de la permanencia de hace dos años, con dos cojones. Esa suplencia en los blanquivioletas nos debe servir también de medida, contra quien luchamos y lo que tenemos, y lo que tienen.

Pero me disperso. Decía que se ganó bien, llevando el peso del encuentro durante gran parte del partido y buscando puerta, aunque ellos también nos metieron un par de sustos (José Juan, amigo, si te enchufan la que tiran casi desde el mediocampo…), pero parafraseando al gran José Tojeiro, lo corriente y normal en estos casos. Se ganó, en definitiva, y se demostró que el Lugo no va de farol, y no, no hablo del ascenso, nada de pajas mentales, pero si de que en una Liga Adelante (clinclin caja, BBVA) con tanto gallito como la de este año el Lugo no va a vender su pellejo barato. Aquí hay que sachar.

Peeeeero… no todo son parabienes. Ya os dije que el halago debilita, y como diría el Señor Lobo en Pulp Fiction, no empecemos a chuparnos las pollas todavía. Hay cosas que mejorar, cosas que tienen más que ver con el concepto de juego del Lugo que con las carencias de la plantilla, que también las hay. Si hablamos de lo primero hay que señalar, inevitablemente, lo inocuo de la banda izquierda del Lugo. Manu lo da todo, pero su jugada ya la conocen hasta en la República Popular China, y me refiero a ese recorte hacia adentro en ángulo de noventa grados. Alguna vez le funciona, pero la mayoría, no, y su espalda se acaba convirtiendo, con el paso de los minutos, en una autovía. De peaje, eso si, porque el que se aventura siempre se acaba encontrando con el corte de Victor Marco, que cada día me gusta más y me explico menos qué hacía jugando de lateral por esos campos de Dios. A Iaguito Díaz, por su parte, lo de siempre, mucho derroche, mucho esfuerzo, algún centro más o menos decente, y ya. Su supuesta electricidad se termina en cuanto el lateral de turno le coge el truco. Y claro, ves por el otro lado a David Ferreiro volando, centrando, recortando, regateando, tirando…jugando, y las comparaciones son tremendas. Hacía falta algo más ahí, posiblemente un David Lopez a banda cambiada. Veremos.

Arriba, el pobre Luis Fernández a fe mía que lo intenta, pero me da a mi que no está llamado por los caminos del gol. Contra el Valladolid paso desapercibido, y eso que no deja de luchar, pero no le llega, de momento. Habrá que comprobar si la carencia arriba la  tapan Aganzo, en pleno proceso de adelgazamiento, o el recién llegado Lolo Coronado, pero sea como sea hace falta dinamita, que ver a Iago acabar en punta es algo poco recomendable, al menos a largo plazo. Los médicos, al menos alertan de ello.

Y luego, y ya voy terminando, hay algo en el juego coral del Lugo que no acaba de convencerme, y lo voy a explicar, que ya os oigo maldecir de mi por osar poner en duda lo que tantas alegrías nos ha dado, pero dadme derecho a réplica. Voy a ello. Hay una parte del juego del Lugo, esa del toque por el toque, que no me acaba de convencer, a pesar de ser el santo y seña de Setién. No os voy a engañar, preferiría un juego más loco, un punto más suicida, un grano más de picante, menos posesión y más estampida. Me gusta el rock duro (estoy escuchando White Zombie mientras escribo esto) y a veces, muchas, no os lo voy a negar, añoro el fútbol loco que ya apenas se ve por ahí. El fútbol, por ejemplo, de la segunda parte contra el Depor aquí el año pasado. A veces, no miento, sueño con más rock en el juego del Lugo, la locura en ataque, toque de corneta. Y que pasen cosas.

Foto: Óscar Cela, La Voz de Galicia.

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