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La marmota rojiblanca

por Daniel Martínez Baniela 20 julio, 2014
Tiempo de lectura: 5 minutos

Supongo que a estas alturas todos vosotros, estimados amigos y vecinos, lectores avezados de la actualidad lucense y lucensista, habréis visto al menos un par de veces la genial película “Atrapado en el tiempo”, popularizada como “El día de la marmota” por estos lares,  o al menos sabréis de que va la vaina. No obstante, y en previsión de que alguno no sepáis de que hablo, os diré que en dicha película el actor Bill Murray, que caracteriza a un meteorólogo frustrado, se ve condenado a repetir una y otra vez el mismo día de su vida. Obviamente en la película pasan más cosas, y hay hasta una historia de amor, pero a grandes trazos la sinopsis sería esa.  El que quiera profundizar en la historia de Phil Connors y su amada Rita que se baje la película o espere a que algún canal la reponga. Aquí he venido a hablar de fútbol, no de cine.

Todo esto viene a cuento de una nueva pre-pretemporada del Lugo, nuestro particular “día de la marmota”. Como cada año, y repitiendo cíclicamente el comportamiento de la campaña anterior, el Lugo procede a dar la baja, no renovar o simplemente dejar ir a mejores destinos a un buen puñado de jugadores a la vez que Mouriz rebusca en el mercado de saldos jugadores que acepten venir a un club pequeño, que paga al día y que les puede servir como revulsivo a sus carreras (que les pregunten, si no, a Óscar Díaz o a Rennella). Un año más, los aficionados vuelven a la cábala diaria y cubren imaginarias quinielas con los rumores que sitúan a este o a aquel jugador en las filas rojiblancas, casi todos procedentes de equipos descendidos, o bien con la carta de libertad o buscando la primera o la última oportunidad en el fútbol profesional. Así año tras año.

No seré yo quien critique a Mouriz y a Setién por ello, que mejor que yo sabrán las necesidades y capacidades de la plantilla y de la tesorería lucense, y tampoco sería adecuado hacerlo sin conocer las exigencias de los jugadores que han causado baja este año, si es que existían dichas exigencias, que todo es hipótesis. Pero si que es cierto que, dentro del crecimiento, poco a poco, que está experimentando el Lugo desde su regreso a la categoría de plata, se echa de menos cierta continuidad en la plantilla, lo que los doctores del fútbol llaman “consolidar un bloque” y las chicas definirían como “tener fondo de armario”. A ver si me explico.

Comencemos repasando las bajas que el Lugo ha dado tras finalizar la temporada. Se han ido, bien por no renovación o bien por fin de cesión, los defensas David Prieto y Víctor Díaz, los centrocampistas Rafa García, Pablo Sánchez, Pablo Álvarez,  Iván Pérez y Sergio García, y los delanteros Juanjo Serrano,  Fran Sandaza y Enzo Rennella. Si descontamos a este último y a Sergio Rodríguez, que regresan al Betis, el resto son jugadores a los que el Lugo no ha renovado y, honestamente, creo que hay varios casos en los que se equivoca.

Porque uno puede entender que no se renueve a David Prieto, que no cuajó en su media temporada aquí, o que se ponga en la frontera de la provincia a Juanjo, incapaz de marcar un gol a pesar de decir que era delantero, o incluso enseñar la puerta de salida a un Fran Sandaza peleado con Setién a pesar de gozar de las simpatías del público, y haciendo un esfuerzo puedo llegar a entender la baja de Pablo Álvarez, un jugador al que la edad y las lesiones ya no le permiten aguantar una temporada de 42 jornadas. Son bajas que pueden gustar más o menos, pero que son, y permitidme el palabro, “argumentables” desde un prisma de gestión de plantilla. Pero hay otras que no se entienden, al menos con la información que el ciudadano de a pie (y los periodistas locales, por lo visto, oído y leído) disponemos.

La primera de ellas, y para mi de las más sorprendentes, fue la de Víctor Díaz. El andaluz pasó de ser el comodín de Setién a no renovársele el contrato. ¿Razones? Nunca las sabremos, pero lo cierto es que el bravo lateral derecho completó una segunda vuelta muy digna, supliendo la baja por lesión de De Coz con mucha solvencia y siendo incluso de los más destacados en partidos como el disputado en el Anxo Carro frente al Barça B o frente al ascendido Córdoba en el Arcángel. La preferencia de Setién por el veterano De Coz fulminó sus opciones de titularidad a pesar de habérsela ganado, como su renovación. El hecho de que acabase firmando por el Recreativo y, además, por dos temporadas, hace pensar que la oferta de renovación lucense, si la hubo, fue a la baja.

En el centro del campo es quizás donde menos se entiende tanta “limpia”. Dejando de lado el caso de Pablo Álvarez, antes comentado, causa estupor que desde el club se deje ir a tres jugadores muy aprovechables como Iván Pérez, Pablo Sánchez y Rafa García. Puede que el final de temporada de todos ellos fuese más flojo de lo esperado (Iván castigadísimo por las lesiones, Pablo fundido físicamente y Rafa pagando la inactividad) pero me niego a pensar que ninguno de los tres fuese aprovechable en esta temporada. Hablamos de jugadores veteranos que pueden revolucionar el partido desde el banquillo o, en el caso de Rafa García, echar una mano en la contención en un momento determinado. Jugadores que a buen seguro aceptarían un rol secundario aunque se fichase a otros que fuesen titulares. Fondo de armario, que 42 jornadas son muchas y se hacen muy largas.

En la delantera, poco se puede decir. A pesar de su pundonor, “Frantastic” Sandaza no estuvo a la altura goleadora que se le suponía y su conflicto con Setién le dejó listo de papeles a mitad de la segunda vuelta (al jefe no se le discute, aunque se tenga razón), y lo de Juanjo simplemente no tiene nombre, rozando el ridículo en varias de sus tragicómicas actuaciones. Solo Rennella estuvo a la altura, a pesar de sus altibajos, y da vértigo pensar donde estaríamos sin sus trece goles, número de mal agüero que sin embargo nos dio la salvación. En todo caso, el acierto de contrataciones o cesiones como la de Óscar Díaz hace dos temporadas o Rennella la pasada no debe ocultar que es uno de los puntos negros en los fichajes de Mouriz, donde se acumulan los fracasos de nombres como el casi inédito por lesión Quiroga; Fran Sol, que se vendía como el nuevo Soldado y marcó un solo gol en media temporada; su sustituto Airam Cabrera, luciendo sospechosa tripa digna del más descuidado Cassano y que se fue con un triste hat-trick a un Xerez en plena descomposición, y los mencionados Sandaza y Juanjo. Que la suerte acompañe Mouriz en la elección para este año.

Y en esas estamos, con las primeras confirmaciones que vuelven a ilusionar a la parroquia de feligreses que cada quince días bajan a la ribera del Miño a ver a los suyo. Viene Dalmau, lateral ofensivo. Se afianza la “Lezama connection” que tan bien nos salió con Peña y nos traemos a un central, Jon García, y un portero, Jon Ander Serantes, que competirá con José Juán y Dani Mallo (si sigue) y el mediocampo toma forma con Iriome, del Mirandés, el deseado Ferreiro que tras varias temporadas por fin cristaliza en el Lugo y la llegada del polémico Jonathan Valle para aportar la magia que pueda, o quiera, arriba. No pinta mal la nómina, sobre todo si tenemos en cuenta el adelgazamiento presupuestario del club, por debajo de los cuatro millones. Faltan caras nuevas, faltan un par de delanteros y quizás un lateral izquierdo que le haga sombra al eterno capitán Manu, cada temporada un poco más viejo y sin recambio natural.

Será la competición y, sobre todo, la clasificación la que dicte si los movimientos de jugadores han sido acertados o no, si los nuevos hacen olvidar a los que se fueron o si la morriña de tiempos pasados se instala en las vetustas gradas del Anxo Carro. Pero todo ello se verá cuando empiece la temporada. Mientras tanto, seguiremos disfrutando del día de la marmota rojiblanca.

Foto: Sebas Senade.

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