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Alberto Monteagudo: del ‘por mí y mis compañeros’ al paro con Bielsa hasta el éxodo griego

por Denís Iglesias 9 noviembre, 2018

Hacía más de una década que el CD Lugo no cesaba a un entrenador. El último datado hasta el cese de Javi López era Julio Díaz en diciembre de 2002, la temporada del descenso a Tercera División. Fue en la jornada 14 y Javier Vidales fue su reemplazo. La salida de Luis Milla en la temporada 2015/2016 se interpretó en términos similares, aunque oficialmente fue una salida pactada por “motivos personales”. Aunque desde que Tino Saqués asumió la presidencia hace más de tres años su gestión se ha caracterizado por triturar técnicos y directores deportivos, más allá de esta anómala destitución, no se había hecho oficial un cese como el del entrenador barcelonés.

Alberto Monteagudo (Valdeganga, 27/09/1974) ha asumido el relevo volviendo a desvirtuar las quinielas que aficionados y medios hicieron al respecto del sustituto de Javi López. Sonaron Fernando Vázquez o Curro Torres. Del ex jugador del Valencia se trazó una teoría: horas después de la salida de Javi López partió del NK Istra croata con el que comenzó el curso. Torres fue uno de los candidatos barajados por Saqués cuando contrató a Francisco y volvió a sonar en verano. Pero la caja de ahorros del Lugo parece rota. O eso intentan argumentar desde la dirección deportiva. El elegido fue un entrenador inédito en Segunda División que ‘escapó’ a Grecia tras un verano en el que estuvo a punto de ascender al FC Cartagena a la categoría de plata.

Lucena, un inicio por casualidad y necesidad

El nuevo técnico del CD Lugo empezó su carrera en los banquillos sin querer. Su primera experiencia la tuvo cuando aún era jugador del Lucena, en la 2008/2009, con el equipo cordobés en Segunda División B. Consiguó salvarse a él y a sus compañeros en las últimas ocho jornadas de liga. Resultó una solución de emergencia para un equipo azotado por los problemas económicos. Aunque pudo compatibilizar ambas funciones, al estilo de Gianluca Vialli (Chelsea) o George Weah (Liberia), decidió centrarse en tener la pizarra: su rodilla había dicho basta por una lesión tras una carrera de 16 años que llevó a este pivote a vestir la camiseta del Albacete, Recreativo, Real Murcia, UD Las Palmas…

En la siguiente temporada, el Lucena fue sexto en el grupo IV de la división de bronce, se quedó a 10 puntos de entrar en la promoción de ascenso y se clasificó para la Copa del Rey. Todo, a pesar de que continuaban los problemas para estar al día de los pagos. El mítico Javi Moreno, ex del EuroAlavés, Atlético de Madrid o Milán, entre otros, empezó el curso con el equipo aracelitano pero terminó yéndose en diciembre. Este adiós supuso su retirada.

Monteagudo empezó su carrera como entrenador en clubes azotados por los vaivenes económicos y sociales como el Lucena, la Cultural o el Badajoz

Tras su buen hacer en el Lucena fue fichado por la Cultural Leonesa, que compartía grupo de Segunda B con el CD Lugo. Otra vez, la vorágine de falta de fondos se interpuso en su trabajo, pero esta vez no fue capaz de disiparla. Si se observa su carrera, las circunstancias coinciden con las de Emilio Viqueira, director deportivo albivermello, quien tampoco ha vivido demasiado en clubes con desahogo financiero. Deportivamente, el conjunto cazurro consiguió salvar una categoría que perdió en los despachos después de acumular una deuda de casi 500.000 euros. Estuvo a punto de suponer su liquidación.

El siguiente curso se lo pasó Monteagudo casi sin entrenar. Hasta que en abril, el CD Badajoz reclamó sus servicios para salvar la categoría (también 2B). Lo consiguió. Venció tres de los cuatro partidos que dirigió. Y pese a que se ganó a pulso la renovación, ese verano el equipo pacense fue liquidado… Vuelta a empezar una vez más tras ver cómo otro equipo histórico, pero mal gestionado, se iba por el sumidero. Entonces, le llegó una oferta del Cádiz CF, que, como la historia albivermella ha contado una y mil veces, había caído en el Ramón de Carranza ante el Lugo en el partido de vuelta de la eliminatoria decisiva del ascenso a Segunda. La responsabilidad era enorme.

En la Tacita de Planta reinaba en 2012 el grupo italiano Sinergy, con Alessandro Gaucci como manager de la entidad. Éste perdió el control del club amarillo en diciembre de 2013 en detrimento de otro inversor, Locos por el Balón, que convirtió al controvertido Quique Pina en presidente y administrador único de la SAD. Nuevo Western de justicieros y forajidos para la biografía de Monteagudo con el marco de una categoría de bronce sobredimensionada en la que aún son habituales estos descréditos. Al año siguiente quiso el actual técnico del CD Lugo volvió a Castilla La Mancha para fichar por La Roda, tierra de Miguelitos y durante seis años de un equipo de Segunda B.

Tras ser despedido en La Roda, algunos jugadores le mostraron su apoyo. Él se quejó de haber perdido al mejor delantero de la historia del club: Pérez-Reverte

A siete jornadas para final fue despedido. Según los dirigentes del equipo rodeño no pudieron hacerlo antes porque no lograron reunir el dinero para el finiquito. Tras conocerse la noticia, varios jugadores mostraron su apoyo al de Valdeganga y a su cuerpo técnico, algo poco habitual cuando se produce una destitución. En su despedida se quejó amargamente de que los resultados no llegaron por culpa de las lesiones y por la salida de hombres importantes como su máximo goleador Arturo Juan Rodríguez Pérez-Reverte, sobrino del escritor, todólogo y periodista, el también Arturo Pérez-Reverte. Éste, el primero, fichó por el Córdoba en el mercado de invierno en una temporada en la que el cuadro andaluz acabó subiendo a Primera División.

Aprender de Bielsa para calmar el paro 

Monteagudo, que parece tener apellido de Conde, debió quedar saturado de tanta literatura de aventuras, que estuvo hasta 2016 sin entrenar cuando le llamó el FC Cartagena, del cantón natal de los Pérez-Reverte. Desconectó más de las dos horas que necesita al día para estar con su familia, como reconoció en una entrevista a La Opinión de Murcia, en la que cuenta que nunca quiso ser entrenador, que lo suyo era ser director deportivo, pero que su padre le obligó a sacarse el título. Estuvo 22 meses sin trabajar en los que dio muchas vueltas a los despidos de Cádiz y La Roda.Incluso participó en las sesiones AFE de 2014. Todo ese tiempo, para no oxidarse y volver a motivarse, se lo pasó viendo a Bielsa, Emery o Simeone, para refrescar sus métodos. “Un delantero que marca 20 goles le garantiza tener muchas novias; un entrenador que hace un buen año en Segunda no tiene garantizada su continuidad. Hasta te puedes quedar sin equipo”.

En el FC Cartagena le tocó relevar a un compañero: Víctor Fernández. Cogió al equipo décimo, con 27 puntos, en la jornada décima, y lo terminó séptimo, con 53, a diez de la promoción de ascenso. “Llegó con el equipo en una situación muy difícil, luchando por la permanencia, y terminó por situar esa temporada al Cartagena en Copa del Rey. En la temporada siguiente, la 2016/2017, se configuró una plantilla para su estilo (Gonzalo Verdú, el propio Pérez Reverte, Zabaco, Cristo Martín…): posesión combinada con gran juego creativo. Y consiguió situar al equipo en playoffs. Fueron eliminados por el FC Barcelona B en segunda ronda”, cuenta Cristina Pagán, periodista y aficionada del equipo cartaganero.

Con el FC Cartagena se quedó a unos minutos de la gloria. Pasó de héroe a villano y decidió huir a Grecia, donde tuvo una corta y mala experiencia

La pasada temporada, como recuerda Pagán, el equipo blanquinegro, “la mejor plantilla del grupo” (Pau Torres, Chavero, Kuki Salazar, Aketxe, Rubén Cruz…); fue campeón de invierno y líder final del grupo IV, “por desgracia caímos con el Rayo Majadahonda en los últimos minutos y el Extremadura nos sentenció”. Según cuenta la comunicadora cercana a la actualidad de la Efesé, Monteagudo dejó un sabor “agridulce” porque el objetivo claro era ascender a Segunda, “aún así dejó números increíbles y su despido, bajo mi humilde opinión, fue tan injusto como necesario. Injusto porque no se lo merecía y necesario porque los aficionados del Cartagena tienen muy poca paciencia y muchos lo sentenciaron antes de tiempo”.

Como el que acaba de rozar el coche nuevo, al que le han dicho ‘no’ en el matrimonio, o al que intenta escapar de una resaca, Monteagudo decidió escapar lejos del fracaso aleatorio que supone una promoción de ascenso. Se fue a Grecia, al Apollon de Esmirna, cuyo nombre tuve que buscar para comprobar que no era una broma soez. Subir a Segunda, tal y como está el sistema actual, es una carrera de fondo en la que hace falta algo más que buen juego, suerte o arbitrajes. Se necesita todo eso y mucho más. Que se lo pregunten a Quique Setién. Si aquel penalti de Manu en el Carranza después de un partido desastroso no hubiera entrado… El cántabro sería otro reincidente en ascensos frustrados. E igual ahora, por culpa del resultadismo, estaría entrenando en Guinea Ecuatorial o en Segunda B, cuando el tiempo ha ratificado su valía y métodos.

Monteagudo no quiso negociar con el Lugo en verano por respeto al Cartagena con el que estaba jugando la promoción, pero siguió todos sus partidos en el inicio de liga

El éxodo griego fue una odisea. Monteagudo llegó a uno de los clubes más antiguos del fútbol helénico, fundado en Smyrma en 1910, hoy ciudad que forma parte de Turquía, y cuyo primer símbolo fue una esvástica. Se mudó a Atenas tras la expulsión de los griegos de Anatolia. Este recién ascendido empezó la liga con el francés Valérien Ismael, que duró hasta el 10 de septiembre. Apenas estuvo cuatro partidos, contados como derrotas. Un mes… En verano ya había sido tanteado por equipos de Segunda como el CD Lugo o el CD Numancia, pero no quiso sentarse con ellos a negociar por respeto al Cartagena y al proceso en el que estaba inmenso. Pero viendo el desenlace de la temporada y al verse sin banquillo, decidió seguir los partidos de aquellos que se habían interesado por él. Por si sonaba la flauta… Y sonó, con una melodía que él ya conoció, como reconoció en su rueda de prensa de presentación en el Anxo Carro, en la que admitió que sabía cuáles eran las virtudes y defectos de los albivermellos, porque había seguido su pista en lo que va de campeonato.

La oportunidad debida en Segunda

“Mis amigos me dijeron que la oportunidad de Segunda al final me ha acabado llegando”, reconoció en sala de prensa. Diez años después de salvar a sus compañeros, le toca resolver la misma misión en el CD Lugo. “En Cartagena siempre fue claro y humilde. No maquillaba nada nada y era muy real en sus respuestas”. Jugadores como el central Miguel Vieira o Juan Muñiz se han referido a él en sus comparecencias como un tipo cercano, al que le gusta estar cerca de sus jugadores. En los vídeos de los entrenamientos que difunde el club por lo menos se escuchan gritos de aprobación o corrección. Con Javi López se oía cómo las babosas se arrastraban por el verde de O Ceao.

Más allá de lo personal, en apenas una semana ha sido capaz de inculcar un par de preceptos para mejorar la imagen del CD Lugo: la presión alta, el juego por bandas, los pases en profundidad, el salir a marcar primero… “Me enfada que los jugadores fallen jugadas, pero mucho más que no aprieten. Si lo hacen y tienen actitud podrán ser un gran equipo”.Concuerda con el método que empleó en Cartagena “donde no jugaba al peloteo”. “Le gusta tener el balón y suele con un sistema 4-1-4-1, aunque lo varía a 4-2-3-1 dependiendo del campo y rival. En los playoffs jugó con defensa de cinco con carrileros y se consideró como un experimento fuera de tiempo, porque ya no era momento para hacerlo. Sus onces iniciales eran un poco previsibles. Lo que funciona no suele tocarlo y a los sub 23 los acostumbra a tener como revulsivos. Prioriza a los seniors de partida”, resume Pagán.

En los dos partidos que ha dirigido al Lugo, Monteagudo no ha querido grandes revoluciones. A excepción de volver a contar con jugadores como Muñiz, ha vuelto al 4-4-2 con el que empezó Javi López. Ha repartido los minutos y ha hecho cambios conservadores. La verdadera primera prueba de juego será este sábado en Lugo ante el Alcorcón, revelación de la categoría, y con la afición albivermella como público., a la que ha puesto en valor en sala de prensa. “Le deseo la mayor de las suertes. Tanto a Monteagudo como a su segundo, Juanlu (Bernal). Ojalá se cumplan los objetivos que aquí, por desgracia, no se consiguieron”. Su suerte será la nuestra, firma y concluye un soldado de su causa.

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