Crónica

Lugo – Numancia: 3-2. Sobre la felicidad

por Aarón Cabado Vázquez 2 septiembre, 2018

El fútbol tiene una capacidad insólita para despertar emociones. El partido de ayer es una prueba fehaciente de ello. El Lugo-Numancia fue una sucesión incontrolable de estados de ánimo, un batiburrillo de locura, despropósito y vértigo, noventa minutos —noventa y cinco, más bien— que estuvieron a punto de sumir a la afición albivermella en una esquizofrenia colectiva.

El Lugo – Numancia empezó siendo ilusión. La estimulante segunda parte de los de Javi López en Granada, unida a la decisión de Vasyl Kravets de desoír los cantos de sirena de Primera División para quedarse en la ciudad amurallada, impregnó al respetable lucense de una generosa dosis de optimismo. Y el Lugo empezó bien, creció a partir de la posesión del balón y percutió por las bandas, aprovechando la debilidad del Numancia en los costados. Los sorianos, no obstante, se desplegaban con cierta facilidad, y la verticalidad de Marc Mateu, Alain Oyarzun y Guillermo daba cierta sensación de peligro.

A la defensa del Lugo se le vio nerviosa, y en contadas ocasiones acabó recurriendo a la falta para evitar que los visitantes avanzasen metros. Pero eso generaba más problemas, pues, como ya atisbamos en la primera jornada, la defensa del balón parado —horripilante, temeraria, ignominiosa— es el gran lastre de este equipo. En una falta frontal, Atienza adelantaba al Numancia tras librarse del marcaje de Bernardo, que se trastabilló en su intento de seguir al central andaluz.

En ese momento el Lugo-Numancia empezó a ser preocupación. Fue una etapa corta, esa, porque un par de minutos después del primer tanto llegó el segundo, en una rapidísima transición de los López Garai que Oyarzun culminó con un gol bellísimo que debió ser anulado por fuera de juego de Diamanka, que no tocó el esférico pero dificultaba la visión de Juan Carlos.

Se llegó al descanso y el Lugo-Numancia era desazón. Una primera mitad equilibrada se iba al garete por culpa de dos despropósitos defensivos. El alarmismo se instauró de nuevo en el Anxo Carro y todos intentábamos comprender lo que había sucedido mientras nos resignábamos a hacernos a la idea de sumar un punto de nueve posibles.

Si algún día me veo obligado a comandar una guerra, designaré a Iriome como mi capitán. El tinerfeño puede estar más o menos acertado, pero no se arredra nunca. Ayer se encargó de meter al Lugo en el partido con un cabezazo de fe, llegando desde atrás para rematar un centro exquisito de Kravets y anotar el 1-2.

Ahí el Lugo-Numancia se convirtió en esperanza, pero no faltó mucho para que los sorianos anotasen el tercero en un córner terriblemente defendido que terminó con el esférico pegando en el poste. Afortunadamente, fueron los locales quienes consiguieron el empate. Con los sorianos embotellados en su propia área, Pita desequilibró con un costado y puso un balón raso para que Campillo apareciese solo y, de forma sutil, cruzase el balón para marcar el 2-2.

El Lugo-Numancia fue, de repente, júbilo, al contemplar la excelente reacción del equipo para voltear una situación adversa. Javi López decidió refrescar el equipo y dio entrada a Escriche —ya antes del gol del empate—, y posteriormente a Lazo y Aburjania. Pero luego dio un paso atrás y no aprovechó la inercia positiva para seguir percutiendo contra la portería del Numancia. Era, en cierto modo, lógico: antes del empate, el Lugo no tenía nada que perder, pero una vez conseguida la igualada emergió el instinto de conservación, y con él, el miedo a dejar escapar el punto que tanto había costado alcanzar. Así, el partido se enfrió.

Hasta que llegó el último minuto. Parecía que no iba a pasar nada, pero pasó algo. El Numancia perdió un balón en un momento y en un lugar en el que no se deben perder balones, y el Lugo tocó el zafarrancho de combate. Escriche recibió en banda, se marchó de un defensa y encontró a Aburjania a tiempo, antes de que el zaguero soriano consiguiese pararle con una falta táctica. El georgiano abrió para Lazo, que desbordó y disparó con la zurda. Juan Carlos repelió el lanzamiento, pero Aburjania, que había seguido acompañando la jugada, puso la cabeza y alojó la pelota dentro de la portería. Minuto 95; el Lugo-Numancia fue felicidad, plena, pura, hermosa.

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