Crónica

Granada – Lugo: 1-1. Miedo y resurrección en Los Cármenes

por Aarón Cabado Vázquez 26 agosto, 2018

Lo peor de que te remonten un partido que tenías ganado no es la cara de tonto que se te queda, sino todo lo que viene después. Las consecuencias, vaya. Qué distinto sería todo si no existieran las consecuencias, pero existen y existen con fuerza, porque hay cosas que existen pero puedes cogerlas y ocultarlas en una esquina o debajo de la alfombra y fingir que no están ahí, pero con las consecuencias, por lo general, no se puede hacer eso. Después de la derrota ante el Málaga, mirabas la clasificación y ahí aparecía el Lugo, con cero puntos, cero, cero, cero.

Esa fue la consecuencia inmediata, pero luego llegaron más. La primera fue el miedo, respuesta natural ante cualquier estímulo amenazador. El miedo es una cualidad infravalorada, que nos ayuda a cumplir nuestro principal objetivo vital, que no es otro que sobrevivir. El miedo está bien, la verdad, aunque en Lugo tendemos a acojonarnos con facilidad, no sé si por pesimismo o para jugar al contragafe, que en el deporte nunca está de más.

En fin, las consecuencias se hicieron notar a lo largo de toda la semana. Que si el cuatrocuatrodos esto, que si Javi López lo otro, que si el límite salarial no sé qué. Si el partido contra el Málaga se hubiese acabado en el minuto 85 nos habríamos pasado la semana henchidos de orgullo, montados en una erección permanente, pero acabó en el 90 y nos tocó enarbolar la bandera del alarmismo y empezar a avisar a todo el mundo de que este año sí, este año descendemos.

Granada no se presentaba como el escenario más propicio para salir de nuestro ambiente de decadencia y presagios funestos, y después de la primera parte el miedo inicial se había convertido en horror. El Lugo de Javi López es un equipo un poquito setienesco, en lo bueno y en lo malo. Los albivermellos se ordenaron bien con balón, los movimientos de los jugadores evidencian que hay unos automatismos aprendidos y aprehendidos y que el Lugo baila más que corre, a veces con más virtuosismo y otras con menos. En cambio, atrás el equipo es más concesivo. Hay menos calidad individual defensiva, se arriesga más en salida y el sistema, más exigente para los centrocampistas, deja más expuesta la zaga.

Se vio en la primera mitad del partido de este fin de semana, especialmente en la media hora inicial. Los continuos movimientos y permutas de Antonio Puertas, Fede Vico y Álvaro Vadillo generaron el caos entre las líneas albivermellas. Montoro y Rodri Ríos fueron los primeros en avisar, con dos acciones que sirvieron para recordarnos que Juan Carlos es uno de los mejores porteros de la categoría. En el gol de los nazaríes no pudo hacer nada: Cristian Herrera pensó que sería una buena idea bajar a ejercer de pivote posicional, se giró con total tranquilidad en campo propio y perdió el balón. El Granada corrió, hizo la jugada de tiralíneas de rigor y Puertas marcó a placer.

El miedo se empezó a acentuar, pero el Lugo reaccionó bastante bien. Este año, al menos en lo que hemos visto hasta ahora, el equipo genera más que con Francisco, porque tiene más planes para encontrar la puerta al área rival. Percutió por las bandas, cargando buena parte del peso ofensivo en Leuko y Kravets, pero también fue capaz de avanzar metros por el carril central. José Carlos hizo las labores de quarterback y lanzó en varias ocasiones a los lucenses, ya fuese filtrando pases tensos hacia los jugadores de ataque o buscando a Iriome con envíos laterales. A Campillo, que partía en la izquierda pero buscaba constantemente el centro, también se le vio entonado, con Jona y Cristian Herrera trazando desmarques en el frente ofensivo. El canario tuvo una ocasión clara para empatar, tras pase al hueco de Campillo, pero disparó centrado y se topó con Rui Silva. Poco después estrelló el balón en el poste tras un gran toque de Jona, si bien el linier señaló —equivocadamente— fuera de juego.

Tras el descanso, el Granada salió algo mejor, pero sin inquietar demasiado. Cuando el esférico llegaba a sus atacantes se palpaba la posibilidad de peligro, pero los de Diego Martínez mostraron escasa continuidad en el juego y exceso de conformismo. Javi López optó por mover el banquillo y dio entrada a Dani Escriche y José Carlos Lazo. El de Burriana se encargó de agitar el partido, ofreciéndose entre líneas, sacando a los defensas de zona e intentando asociarse con sus compañeros. El Lugo dio un paso al frente y volcó el campo hacia el carril izquierdo, donde Kravets, incombustible como de costumbre, se erigió como el principal arma ofensiva del cojunto lucense. El ucraniano casi siempre conseguía verse en situación de uno contra uno, por lo que pudo exhibir su potencia para desequilibrar por su costado. En una de esas, su centro se paseó por el área y Lazo, entrando al segundo palo, anotó el gol del empate.

Los andaluces se quedaron algo tocados tras el tanto. Llegaron físicamente peor al tramo final, y la inercia del encuentro era favorable al Lugo, que continuó mandando, aunque las fuerzas también empezaron a flaquear y la perspectiva de conseguir un punto en un campo complicado limitó ligeramente la ambición en los minutos finales, que transcurrieron sin más incidencias. Al final, el punto cae en labios lucenses con un sabor agradable, tanto por las sensaciones ofrecidas como por el resultado, que en vistas del escenario, es bastante positivo. El próximo sábado, ante el Numancia, los de Javi López intentarán refrendarlo con la primera victoria de la temporada.

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