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Yo estuve allí

por Denís Iglesias 27 mayo, 2018

Por Marcos de Vicente (Unión Rayo)

El barrio respira fútbol. El sábado se jugará el partido más importante del mundo del balompié a nivel de clubes pero para el Rayo Vallecano, la final de su Champions particular es el domingo.

Es el segundo de los ‘match ball’ para los franjirrojos tras el desastre de Alcorcón (4-0) y, esta vez, será en casa. Las entradas han volado y el llenazo será absoluto. No se puede escapar. La fuente de la Asamblea de Madrid ya está preparada y todo vallecano sueña con estar ahí hasta que el cuerpo aguante tras el encuentro frente al Lugo.

Míchel cuenta con toda la plantilla. No hay lesionados ni sancionados. Podrá poner el once de gala pero, por primera vez en la temporada, parece que poco importa la estrategia y a táctica. El Rayo Vallecano-Lugo de este domingo será más un choque de pasiones y de aliento. De una grada que no se va a callar pase lo que pase.

La última gran noche del rayismo fue hace ya tres años, con el tamudazo. Después llegó el descenso y una época para olvidar. Ahora, se toca ya con la yema de los dedos una de esas historias que pasan de padres a hijos y de abuelos a nietos.

Podemos hablar de extremos, mediapuntas o interiores. De si Míchel preferirá un 4-3-3 o un 4-4-2 pero lo cierto es que lo único que importa es el ambiente que ya se respira en el barrio. Sus gentes siguen haciendo vida normal sabiendo que esta semana no es normal. Al final de ella, quieren hacer más grande su leyenda. Quieren que poder decir “yo estuve allí”.

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