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Diego Tonetto: “Fue muy duro no seguir en el Lugo para demostrar que podía hacerlo mejor”

por Denís Iglesias 25 mayo, 2018

El fútbol actual es una freidora gigante. Puede sacar en pocos minutos jugadores precocinados. Algunos muy jóvenes que nada más nacer salen con fecha de caducidad. Se forman un par de años, crecen, se creen un papel y mueren sin haber demostrado nada más que saben darle golpes a un balón. Sus ruedas de prensa son ásperas y monótonas, motivadas por una prensa omnívora que convierte cualquier desliz en bocado. Mientras pasan las temporadas y los nombres, el aficionado se hace viejo de modo acelerado e intenta motivarse con nombres del pasado. Pellizcos únicos con los que enamorar a su hijo para engancharlo a una droga que antes era pura y ahora está cortada con opio del malo.

Cuando crees que has perdido la fe, encuentras una de tantas excepciones ocultas por las estadísticas. Lugoslavia no tiene acceso a titulares de actualidad ni tampoco lo pretende. No es más que un ejercicio de mucha voluntad y horas que se dedica a hurgar en la historiografía del CD Lugo para reconstruir su pasado y mantener viva su memoria. Algunos jugadores de campañas anteriores ayudan a entender el sentido del presente. Porque nada de lo que sucede ahora mismo es inédito o casual. Uno de los perfiles que más llama la atención es el del futbolista que cruza el charco o el continente para recalar en una ciudad de 90.000 habitantes que, casi seguro, no sabrían situar en el mapa antes de su partida. Es el caso de Diego Tonetto (Mendoza, 5/12/1988), extremo o interior (habitante de banda, por generalizar) argentino que militó en la disciplina rojiblanca una temporada: la 2012/2013, donde había tantas ilusiones como miedos, al ser la primera tras la epopeya del Carranza. La sombra de la efímera 92/93 tras el primer ascenso del CD Lugo se proyectaba en el núcleo que finalmente revolvió todas las estadísticas hasta conseguir, aún a día de hoy, la mejor puntuación histórica del Lugo (56 puntos). “No sé de dónde salieron tantos puntos. Es un milagro”, nos contaba Manuel Cordido, quien lleva siguiendo al equipo desde que tiene uso de razón, en una entrevista para el documental Héroes.

Esta foto, tomada de la web de Platense, lleva el título de ‘SuperTonetto’. | Foto: C.A. Platense.

Tonetto dio el salto a Europa como tantos otros compatriotas, pero regresó a Argentina de modo más prematuro. Apenas estuvo un curso en el Lugo, su única experiencia, hasta la fecha, en el Viejo Continente. A simple vista, la marca que le habría dejado este equipo y la ciudad sería breve. Sin embargo, cuando establecimos el contacto para esta entrevista ya atisbamos que el jugador guarda con enorme cariño su estancia en Galicia. Hasta hace apenas unas semanas, algunos de los últimos tuits que tenía en su cuenta, con poco más de 300 mensajes, estaban dedicados a esta tierra. Sus interacciones más recientes tienen relación con el éxito reciente que ha alcanzado con el Club Atlético Platense, apodado el Calamar, que este año consiguió el ascenso a la B Nacional, el segundo escalón del fútbol argentino. Y es que Tonetto no ha tenido reparos en rasgarse las vestiduras para bajarse a la tercera categoría para rescatar un equipo que acumula más de 50 temporadas en Primera aunque los más jóvenes no se acuerden. Un lujo para la división y sus campos que pudieron ver requiebros y una pierna actuando en función diurna y nocturna. Y como él, otros diez jugadores que ya habían pisado la máxima categoría. 

 

 

Apenas unas horas del primer mensaje enviado, Tonetto respondió ilusionado: “¡Tengo grandes recuerdos de mi estadía en esa hermosa ciudad!”. Es difícil conseguir de un futbolista responda inicialmente algo más que un ‘ok’ aunque después el intercambio de mensajes sea satisfactorio. En este caso todo fueron facilidades. El diálogo comienza por saber cómo un jugador de Ferro Carril Oeste (segunda argentina) termina en un equipo recién ascendido a la segunda española: “Fiché por el Lugo a través de mi agente argentino. Me encantó la oferta. No había jugado en Europa y estaba muy contento”. Comparte agente actualmente con Pablo Caballero, otro ex jugador argentino del CD Lugo, aunque confiesa no haber decantado su fichaje.

Tonetto llegó junto a otro paisano: Mauro Quiroga. Este delantero bonaerense llegó procedente de la UD Las Palmas y estaba llamado a ser el artillero de referencia del Lugo aquella campaña. Una gravísima lesión de rodilla le dejó prácticamente K.O. todo el año. En su ausencia, Óscar Díaz hizo el año de su vida y terminó con 15 tantos. Quiroga y Tonetto, por patria común, se hicieron uña y carne. “También tenía buena relación con Pablo Álvarez, Carlos Pita, Yoel, ‘Iaguito’, Fran Pérez… Por nombrar algunos. Compartimos mucho aquel año”. Aquel conjunto era de los vivía en As Landras y en una burbuja común. Algo así como una familia, un valor añadido que se ha ido perdiendo con el paso de las temporadas en el fútbol profesional. Y es que Lugo, frente al resto de históricos con más aficionados pero también más cargas, podía ofrecer un ambiente cotidiano y tranquilo. Un refugio para aquellos que estaban de vuelta pero también para los que querían partir hacia nuevos horizontes.

“Fue duro y muy frustrante no haber podido seguir en el Lugo otra temporada. Me quedé con muchas ganas de demostrar que podía haberlo hecho mejor”

El de Mendoza tuvo un papel importante y se fue con 1.900 minutos, 35 partidos jugados y dos tantos anotados (contra el Mirandés de falta y contra el Guadalajara en una contra). “Fue duro y muy frustrante no haber podido seguir en el Lugo otra temporada. Me quedé con muchas ganas de demostrar que podía haberlo hecho mejor. Pero así es el fútbol y la vida. Sigo teniendo en mente volver a Europa, preferiblemente en España, porque creo que lo haría mucho mejor”, cuenta ‘Tonecho’, tal y como le apodó el Anxo Carro durante aquel curso. Por supuesto hubo momentos para la morriña, un concepto con base gallega pero que siente cualquier emigrado sin importar su condición, a no ser que sea un desarraigado: “Fue duro abandonar la casa, pero siempre tuve claro lo que quería. Soy un privilegiado por poder vivir de esto, que entiendo, es el mejor trabajo del mundo. El fútbol te hace ser nómada por obligación y hay acostumbrarse rápido”.

Sin tiempo para adaptarse

Su carta de presentación fue un vídeo de Youtube en el que se mostraban sus mejores jugadas. Cualquier grabación que tenga como escenario un estadio argentino posee una mística especial. Los campos, sin excepción, están perfectamente engalanados y es imposible un segundo sin cánticos. Cada acción tiene un envoltorio especial. El fútbol no es turismo, es una inviolable forma de vida que puede darte la alegría de la semana o jodértela inmensamente hasta el punto de sentir que estás muerto tras una derrota. Sensaciones más extrañas en Europa, donde los focos son tan potentes que impiden ver el resto. Al niño que va por primera vez a la cancha con su padre. A la madre que le lleva el bocadillo al ’12’. O al hincha que se traga la corbata para sacar una bufanda que conjunta a la perfección con su traje. Argentina, por suerte, como Inglaterra, todavía conserva el orgullo de barrio y ciudadano que lleva a un aficionado a ser del club cercano, por el que daría cada gota de su sangre. Abuelos con sus muletas pidiendo un “poco más de huevos”, críos saltándose los deberes aún sabiendo las collejas del padre que les esperan…

“Lo que destaco de Quique Setién, más allá de ser un gran entrenador, es que es una gran persona”

El volante no tuvo tiempo para adaptarse al Lugo y Europa. Desde el primer momento, Quique Setién y los que confiaron en su fichaje le pidieron que reprodujera todos esos movimientos del vídeo comentado, a pesar de las diferencias que él mismo encontró entre el estilo de juego de ambos países y categorías: “En España la pelota va al piso, el juego es limpio y se basa en la posesión. Los campos tienen el césped perfecto. Argentina se parece cada vez más a esto, pero no en todos los equipos. Ni por asomo”. El de Mendoza resalta su buena relación con el técnico cántabro, “pero sobre todo destaco de él que es una buena persona”. Lo considera como un pionero del juego del FC Barcelona, apasionado de la posesión y del buen juego por encima de cualquier resultado.

Tonetto y Quiroga, los dos del centro, quienes hicieron de Lugo su pequeña Argentina

Tonetto y Quiroga, los dos del centro, quienes hicieron de Lugo su pequeña Argentina. | Foto: La Voz de Galicia.

Como todos los que han estudiado el librillo de Setién, afirma que sacó lecciones tal que aprender a jugar por la derecha, aunque sea un zurdo convencido. Gracias a este cambio de mentalidad, sus entrenadores posteriores han sabido sacarle más partido. Aunque también se vio sepultado en el banquillo varias jornadas: “A uno como jugador siempre le gusta jugar, estar presente. No me gusta nunca estar fuera del campo, pero es el entrenador el que decide y los demás compañeros también luchan para jugar. Siempre hay que respetar y aportar desde donde toque”.

Tácticas diferentes y entornos que aún lo son más. “La afición aquí es inigualable. El año que jugué en Independiente Rivadavia de Mendoza, que es mi ciudad, jugábamos con 15.000 personas de local. Todo el Pepsi cantando y alentando sin parar. Una presión increíble pero hermosa”. En Lugo Tonetto se encontró con una realidad bien diferente. El dopaje que había producido el ascenso estaba latente. La afición y los jugadores eran un bloque único. “No conocía nada de Galicia antes de ir. Me sentí fantástico. Tuve la suerte de llevar a mis padres y amigos y quedaron igual de encantados. No pude regresar aún… Me encantaría“. Puede que ser de Mendoza le ayudara a tener más empatía con Lugo. Una ciudad al oeste que escapa del epicentro de Buenos Aires, la quinta provincia gallega, y que a veces parece ser lo único que existe en el país.

Ganas de más

Tras la experiencia en el equipo de su ciudad, el medio tuvo la oportunidad de debutar con Defensa y Justicia en Primera Argentina, algo a lo que aspira cualquier persona nacida bajo la bandera albiceleste y que tenga dos piernas hábiles para jugar. Con poso de credo, los atletas que compiten en Argentina no son capaces de disociar el sentimiento del gol, de ahí que cuando se le pregunta a Tonetto sobre el actual estado del fútbol él responda: “Hay muchas situaciones que parecen convertir a este deporte en un negocio, pero para mí, además de ser mi trabajo hoy en día, siempre va a ser lo más lindo del mundo”. 

“No me considero un canchero. Soy más de dejar todo en cada pelota, de tratar jugar bien siempre que puedo”

El que portara el dorsal ’18’ albivermello roza la treintena. Ya es padre. Pero conserva todavía una mirada fresca. Justo en el punto de cocción adecuado que le permite combinar la naturaleza pasional con el jugo de un centrocampista cerebral. Es una fórmula, que previo al experimento, funcionaría en cualquier club continental. Y más en estos tiempos, en los que la marca del balón cuenta más que el cuero del del que está hecho.“No me considero un canchero, que a mi entender es uno que goza a su rival, que hace una gambeta de más pudiendo no hacerla. Soy más de dejar todo en cada pelota, de tratar de jugar bien siempre que puedo, pero también de dejar todo cuando el equipo lo necesita. Tirarme con todo sin escatimar esfuerzos”.

Tonetto, en su época como jugador de Independiente de Rivadavia

Está claro que él no quiere saber nada de los que gritan sin motivo. Tampoco de los que muerden cuando la partida está floja. Por eso recala en estaciones como Juan Román Riquelme o Andrea Pirlo para forjar su fútbol. Son, por así decirlo, sus ídolos. Perfectos guías de sus equipos, metódicos y poco tendientes a la montaña rusa emocional en la que cae fácilmente cualquiera que sigue este deporte. Terratenientes del fútbol europeo al que Tonetto, cada dos respuestas, reclama una segunda oportunidad. Lo hace sin despreciar los kilómetros que acumula por las canchas de Argentina, de la mano de un Platense histórico que ha recuperado un poco su sitio.

Insiste a sabiendas de que el fútbol es una maquinaria que tritura rápido los años de los futbolistas, pero consciente de que siempre que exista una aficionado que recuerde uno de sus pases. Uno solo. Uno que cuente aquella pelota que mandó larguero. Uno; será más que suficiente para que quiera regresar a la banda que habitó hace unos años en Lugo, donde aunque quedan perdigonazos de su zurda, tímida y caliente que algunos verían gustosamente de nuevo en acción. Porque Tonetto se quedó con ganas de más: “No cumplí todas las expectativas, creo que podría haberlo mucho mejor, personalmente, pero no me arrepiento de nada, y lo mejor de todo es que aprendí muchísimo allí, del fútbol y de la vida”.

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