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Crónica de una muerte anunciada

por Colaboración 1 mayo, 2018
Los jugadores del CD Lugo celebran el gol del empate ante Osasuna | Foto: LaLiga.

Por El León Rojillo (@elleonrojillo)

http://elleonrojillo.blogspot.com.es/ 

Eran las 19:32 de la tarde. El momento exacto en el que todo se fue al garete. El partido, las esperanzas de ascenso, el orgullo… Todo. Pero, por suerte o por desgracia, “matemáticamente aún hay opciones”. Y digo por desgracia, porque desde el club se nos seguirán inculcando falsas esperanzas en lograr algo que todos sabemos que no va a ocurrir. Y es que, hubo momentos durante el partido que si, que creímos que todo era posible.

Fue un partido raro que paradójicamente se presentó como un partido propio de la jornada 42 y que terminó por parecer un amistoso de pretemporada. La primera parte fue de esas que es mejor no verlas. Cuarenta y cinco minutos sosos, de nerviosismo y de una impaciencia máxima. La grada se debate entre el “vamos rojillos” y el “vaya panda de inútiles”. Y sí, en eso se resume una primera con nada interesante sobre el terreno de juego.

La segunda ya fue otra cosa, la segunda fue mucho más marchosa, a la segunda no le faltó de nada y, sin embargo, le sobraron bastantes cosas. Pocos minutos después de la reanudación del encuentro se anuncia la asistencia al estadio. Escasos 12.000 espectadores. Comienza el primer momento de indignación en la grada: “Ahora se bajan del carro”, “claro, si es que este equipo no engancha”, “¿pero quien va a querer ver a esta panda?”… Fue entonces cuando llegó el segundo golpe de sorpresa.

El graderío sur comienza a desalojarse al mismo tiempo que el Sadar comienza a transformarse en un cementerio. Hubo momentos en los que haciendo un esfuerzo, podías llegar a oír la conversación que compartían presidentes de Osasuna y el Lugo. La tensión se respiraba en el ambiente, el gol estaba tardando demasiado. Llega el minuto 55 de partido, los astros se alinean y Osasuna consigue ponerse por delante en el marcador cuatro semanas después.

El Sadar abroncó a Osasuna tras el partido contra el Lugo, un estadio que no pitó a sus jugadores en una temporada en la que logró 22 puntos y se arrastró por Primera

Un momento de liberación total, el Sadar estalla como si supiera que este partido no podía irse. Vuelven las esperanzas de los playoffs. Vuelven las esperanzas de regresar a Primera. Vuelve el optimismo. Pero, como si se tratase del guión de Crónica de una muerte anunciada , el Lugo llega al área local. Álvaro Lemos tira bajo la pasividad de la defensa rojilla. Milagrosamente el tiro pega en el palo y vuelve al área. La grada lleva ya diez segundos manteniendo la respiración. El rebote le vuelve a Seoane que hace un tiro que, milagrosamente de nuevo, es frenado por un jugador del Lugo. La grada ya lleva veinte segundos sin respirar, comienzan los primeros mareos. Una vez más, el balón cae en un jugador del Lugo y a la tercera, va la vencida. Cristian Herrera no falla. Gol del Lugo. En la grada, se debaten las risas, los pitos y los llantos por partes iguales.

Otra vez. Y ya es la séptima que Osasuna se pone por delante y acaba sin ganar el partido. Cosas que solo pueden pasar en la segunda peor temporada de Osasuna en El Sadar en su historia. Pero para satisfacción de los aficionados (lucenses) del Sadar, la fiesta no terminaría ahí. Diego Martínez retira a Rober Ibáñez, probablemente el único jugador que estaba creando peligro. El Lugo podía estar tranquilo, Osasuna ya no crearía peligro en el área rival. El equipo local, como pollo sin cabeza, terminaría encerrado en su propio área durante los últimos compases del partido. Quién diría que estaba en juego una plaza de playoffs.

Cada vez eran más los ingredientes para que en el minuto 93, se escuchase una bronca que pocas veces se recuerdan en El Sadar y, probablemente ninguna, en contra del equipo local. Un estadio que no pitó a sus jugadores en una temporada en la que el equipo obtuvo 22 puntos y se arrastró por todos los estadios de Primera. Osasuna se despide del ascenso a Primera División con la esperanza de que no sea un adiós sino un hasta Lugo.

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