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Viaje de placer a la ‘ciudad del agua’

por Colaboración 15 febrero, 2018

Por Rody Castillo, miembro de la Peña Lucense de Madrid

En cuanto uno de los miembros de nuestra peña se lamentó en nuestro grupo de WhatsApp de que el partido en Zaragoza coincidía un domingo a las 20:30 (un desplazamiento que se antojaba complicado, teniendo en cuenta que el partido acabaría alrededor de las 22:30, y que hubiésemos llegado a Madrid a eso de las 02:00, lo hacía una empresa imposible si se quería asistir al currele lo más fresco posible), se me alumbró la bombilla que tengo en la cabeza, y donde había un problema para la causa noble de nuestra peña de seguir al Lugo por los alrededores de nuestra privilegiada posición geográfica. Vi una oportunidad para aunar dos de mis aficiones preferidas, y mi cabeza empezó a cavilar para asistir a la ciudad mañica por placer y para seguir una causa tan preciosa y gratificante a partes iguales.

Tras haber conciliado con el curro para evitar “daños colaterales”, el lunes siguiente, me embarqué el día anterior del partido, un sábado (valga destacar la maestría de improvisación de la reserva del alojamiento, la cual me guardo en qué condiciones la hice por motivos de seguridad vial), para llegar en el momento justo en el que la ciudad entera estaba celebrando el día de fin de semana como lo suele hacer media España (por no decir toda): de tapeo, de cena, o arrancando motores para llegar algunos a “romper” el motor a lo largo de la noche, lo cual se tradujo en más de media hora intentando aparcar lo más cerca posible a donde me iba a hospedar.

Confirmé lo que me habían dicho sobre la gente de esta región: es increíblemente humilde y cercana

Después de visitar la habitación en donde me iba a hospedar (un diez a Antonio por su increíble hospitalidad) y tras comprobar que el cierzo no es ninguna broma, me embarco a unirme con algún mañico que otro para corroborar lo que gente de mi círculo más cercano me había comentado acerca de la forma de ser de la gente de esa bonita región: increíblemente humilde y cercana. Por los alrededores de mi zona de estadía se veía un ambiente bastante animado, pero que no pasaba de Goiko Grill, cocktelerías y restaurantes refinados, muy alejados de mis ansias extremas de tapeo y de juntanza con algún lugareño.

Primero pruebo en un bar/tapería regentado por un matrimonio chino. Lo primero que me impresionó de Zaragoza es la calidad del agua del grifo; sólo había catado un agua de ese calibre en “Graná”. La variedad de tapas con rebozado era buena, aunque poco fresca. Cambio de lugar y me voy a un sitio un poco más refinado, pero a la par de animado. Toca beber un caldo alejado del Azpilicueta y del Ramón Bilbao, aprovechando las proximidades de La Rioja con las tierras mañicas. El camarero, atentísimo, por supuesto, ayudándome a corroborar que la ración de migas que acabé de pedir era una buena elección (nunca me llamaron la atención, pero os aseguro que el sabor que tenía era de otro planeta), así como el vino que me recomendó. Mientras comía mi manjar, debatía animadamente con una de las camareras, maña de adopción (como yo lo soy de Galicia) acerca de problemas comunes de gente “adoptada”.

Las migas del deseo

 

Tras ver que, con semejante plato ya no me quedaba espacio para más tapas, procedo a ir a zonas más céntricas como la Plaza de España (con un nivel de limpieza de residuos urbanos que mete miedo), donde me tomo una caña mientras escucho algo de perreo, y la zona vieja, desembocando en la imponente Pilarica, monumento que impresiona más si cabe con el alumbramiento nocturno, y una estatua de un personalmente admirado Goya.

Después de ver el reloj y comprobar que ya era hora de probar la noche zaragozana, y tras ver que la zona del Pilar parecía prestada para ello, me adentro en un local en el que parece que la media de edad era la misma que la mía. Éxito. Entre el par de Legendarios on the rocks que me metí, y las Ambar que me dieron la bienvenida y después la despedida del local, fue más fácil sacar la faceta social que cada uno tiene.

Domingo. 2 de la tarde. Tocaba “desayunar” un Cola-Cao con leche en el chino del otro día y ponerse en marcha hacia un sitio donde reponer fuerzas, buscando un menú con pocos adornos, pero a la vez probando algo local y casero. Tras el Cola-Cao, me embarco en dirección a la plaza de toros, donde dijo en incontables veces Benito de Manos a la Obra que fue el lugar donde su padre se topó con la muerte.

¡Benitooooooo! (decirlo imitando la voz de Manolo, haciendo una pausa en el cambio de sílaba ni-toooo)

 

Mención aparte se merece el sitio donde maté el hambre. Bar-Restaurante La Chopera se llama el encantador sitio donde pude dar acopio de platos del mar, materia prima muy típicos de la tierra maña (nótese la ironía), pero increíblemente buenos para ser de un menú de 12€. La amabilidad y la humildad de la persona que me atendió, de 15 sobre 10.

Dejar una botella de vino a un gallego en la mesa es algo peligroso. La gaseosa sobraba.

 

Personalmente, le faltaba un toque de picante. Por lo demás, muy bueno.

 

Sin duda, la estrella fue el postre, un flan de huevo casero. Sencillamente espectacular.

Tras irme satisfecho de este encantador lugar, y dejar a los regentes comer tranquilamente, me pongo en dirección hacia la ciudad del agua, lo que hace 10 años era la expo del agua. Me encuentro con el cauce del Ebro (el cual me dejó una instantánea preciosa con la Pilarica al fondo), un barrio de la ciudad, y, por último, la gigantesca y a su vez moderna ciudad del agua, la cual compruebo que la población hace un correcto uso.

Sin duda, el mejor trabajo automático que ha hecho Google Fotos con mi cuenta.

Empiezan a caer las primeras gotas de lluvia, y sumado al cansancio y al omnipresente cierzo, tomo un bus hacia el barrio de Delicias, donde me deleito viendo una pachanga de futsal en el parque, donde se aprecia la nueva España: chavales de origen africano, “autóctonos”, magrebíes, latinoamericanos… Todos hablando con frases terminadas en “!”.

Experiencia en el campo

Decido buscar un sitio en los aledaños del estadio para refrescarme el gaznate (algo escondido, en una especie de galería exterior, donde sólo hay un grupo de 4 personas). Me llama la atención la tremenda sequedad del camarero en el trato, tras experimentar mi agradable paso por la ciudad. Me sirve la caña en un vaso de plástico, “invitándome” a no estar mucho tiempo en ese lugar. Después me di cuenta de la decoración austera y ausencia de música, así como alguna que otra bufanda del Zaragoza. De repente, oigo a un grupo haciendo cánticos del Zaragoza, seguido de fuertes estruendos de petardo, lo cual activa mi sentido de posible peligro hacia mi integridad. Permanezco sentado en la terraza, quitándome la bufanda del Lugo para evitar algún mal mayor. De repente, aparece una numerosa muchachada inquietantemente animosa, lo cual me anima a coger el vaso y largarme de ahí con paso firme.

Cuando me dispongo a ir a la zona de aparcamiento de buses de ambos equipos, oigo un tímido “Hola, qué tal?”. Me doy la vuelta y veo a Pajón, mítico seguidor del Lugo (legendario dentro de unos años), acompañado de un amigo. El gusto de encontrarme una cara amiga en un ambiente en el que tenía cierto temor a toparme con algún grupo radical de la afición local fue mayúsculo. Nos vamos a un bar más animado y más agradable, y hacemos la previa como Dios manda.

Vamos al campo. Espero a un conocido que por casualidad me enteré de que andaba viviendo por la ciudad. Nos acomodamos tras ciertos malentendidos de localidades en un estadio donde debutó y tuvo su último partido una leyenda y un ídolo personal, llamado Raúl, así como una rica historia en el mundo del fútbol, casa de grandes jugadores que pasaron por un club histórico en la Liga, así como hacer unos acertados pinitos en Europa.

A falta de trasvase del Ebro, sí lo hubo de aficionados al arreciar la lluvia durante el partido, los cuales pasaron de la grada baja descubierta a la alta, cubierta, dando quebraderos de cabeza a los acomodadores. El partido, en mi opinión un despropósito de Francisco en la alineación y en los cambios hechos durante el partido (sacó a Leuko 3 minutos a calentar, tras jugársela y quitar el lateral derecho titular y meter a un jugador ofensivo), y una falta de intensidad y concentración de la defensa en ciertas jugadas, amén del primer gol local.

Tras acercarme mi conocido hacia donde me hospedaba, y hablar acerca del rumbo de cada uno en mi vida, compré algo para cenar, pagar la ORA del coche para poder estirarme más en la cama y pasar la última noche en una ciudad que es un placer para todos los sentidos.

PD: Muchas gracias a Lugoslavia (en especial a Denís) por darme la oportunidad de escribir acerca de dos de mis pasiones.

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