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Anxo Carro, where amazing happens

por Daniel Martínez Baniela 14 febrero, 2018

A estas alturas es casi imposible dar motivos para bajar (o subir) al Anxo Carro. Soy consciente de que todo lo que se podía decir, ya se ha dicho aquí y en otras tribunas por gente harto más versada que yo. Se ha (hemos) apelado al apoyo al equipo local, al de la tierra, a la histórica buena marcha en la clasificación, al pundonor que los jugadores demuestran en cada partido. Se ha comparado el apoyo que otros equipos de ciudades similares a la nuestra reciben de los suyos y lo cicateros que aquí somos con los nuestros, incluso hemos mirado, con evidente envidia, la animosa afición del otro gran club de aquí, el Breogán, y nos hemos querido comparar con ellos (perdiendo en la comparación, claro).

Y todo eso ha servido más bien de poco. Seguimos siendo “os tres mil de sempre”, y cuando se sobrepasa esa cifra suele ser o bien por regalo masivo de invitaciones a colegios o bien por la llegada de mareonas, invasiones azules y demás visitas que engordan las cifras del aforo y la cartera de algún empresario avispado, pero no suman en el apoyo a los de rojo y blanco. De hecho, y ahí si que da una vergüencita ajena, no son pocos los que conocen a su vecino de abono justo cuando viene un “grande” a Lugo, y los que no han pisado el Anxo Carro en toda la temporada hacen uso de su localidad justo ese día (tal fue mi caso en la última visita del Deportivo, cuando al fin pude descubrir quien era el poseedor de la localidad contigua a la mía, y que resulto ser un conocido empresario lucense al que no volví a ver por Tribuna nunca más). De los que ceden su abono para la afición visitante, directamente no voy a opinar, que luego dicen que digo.

Decía que, como casi todas las formas de llamar al aficionado de a pie al Anxo Carro están agotadas, voy a centrarme en lo que se pierde el que no baja al campo, el que se queda en su casa, calentito y birra en mano, o prefiere bajar al bar a mirar de reojo la pantalla mientras discute con el parroquiano de al lado. Porque si, el que no baja al Anxo Carro se pierde cosas. Muchas.

1.- Un portero que las enchufa desde setenta metros

Estoy seguro que con el gol de Juan Carlos pasará como con el taconazo de Guti en Riazor para asistir a Benzema. Si todos los madridistas de Galicia juran que vieron la maravilla del 14 en directo, con los años pasará lo mismo con el chicharro de Juan Carlos, todo lucense dirá que ese día estaba en el campo, con lo cual el aforo del estadio debería duplicarse o triplicarse, cuando en realidad éramos seis mil, dos mil de ellos de Gijón. Si ese día no fuiste al campo porque hacía frío, o porque lo daban por la tele, o porque (no quiero ni pensarlo) cediste tu entrada a un foráneo, no habrás formado parte de esa página de la historia albivermella, por más que luego presumas en el bar de que si.

2.- La chilena de Campillo (y ver cómo se la anulan)

Minuto 14 del partido de la primera vuelta frente al Zaragoza, centro de Campabadal y chilena estratosférica de Campillo. Golazo que si lo llega a hacer algún ilustre de Primera daría la vuelta al mundo. De lo mejor que hemos visto esta temporada en Segunda. Como epílogo, Ais Reig decide que es fuera de juego (NO) y anula la obra de arte. Da igual, el partido lo acabamos ganando y nadie nos va a borrar de la cabeza la maravilla del “diez”.

 

3.- Mario Barco y la justicia

El fútbol a veces no es justo. Bueno, mira, no lo es casi nunca, pero con Mario Barco, y con el Anxo Carro como notario, el deporte rey saldó una deuda. La de que el chaval debutase por fin con los rojiblancos tras dos años de cesiones en las que derribó la puerta de los de Francisco y se ganó, gol a gol, pertenecer a la primera plantilla. Contra el Córdoba, en el minuto 83, SuperMario recogió un balón en la frontal del área y, en su primer partido como lucense, marcó también su primer gol.

4.- El ¿penalti? de Fydriszewski.

No todo van a ser celebraciones. El que no estuvo en el Anxo Carro aquel viernes noche frente al Rayo no podrá decir que vio el que posiblemente sea el penalti peor ejecutado en la provincia de Lugo, y seguro que me quedo geográficamente corto. Un penalti que valía un empate y que el Polaco, con tantas pelotas como inconsciencia, decidió ejecutar a lo Panenka, dicho sea con todo respeto para el bueno de Antonín Panenka, que desde Praga debió estremecerse al ver como mancillaban el buen nombre de su argucia para tirar las penas máximas. La poca fe que le teníamos a Fydriszewski se la perdimos ese día, aunque también es verdad que el destino fue cruel con el con su posterior lesión de gravedad.

5.- Temazos increíbles de la mano de Marcos MC (léase EMSí).

A ver en que campos de esta ancha España puedes disfrutar, del tirón, de Heredeiros da Cruz, Manu Chao, Iron Maiden, Guns n`Roses, AC/DC, y magnífica novedad de última hora, Neil Diamond. Joder, es que el amigo Marcos pincha mejor música en el Anxo Carro de lo que lo hacen la mayoría de garitos de Lugo. Si no te gusta el fútbol, te gustará la música. Si no te gusta ninguna de las dos cosas, mejor no vengas.

Jaime Ramos, Tarzán. | Foto: El Progreso.

6.- Recogepelotas desafiantes a la autoridad.

Gloria bendita en el partido frente al Sporting ver a ese chavalín que lo alzaba una cuarta del suelo entregar los balones a los jugadores visitantes, y digo entregar porque no se los lanzaba, no, se los daba en mano con una parsimonia y un hastío casi revolucionarios ante una autoridad que el mico no reconocía como tal. Y aclaro que cuando me refiero a “la autoridad” no me refiero al árbitro porque a fin de cuentas ¿quién es un árbitro?, sino al gran Alvite que, cansado de que el asistente le llamase la atención por la displicencia del recogepelotas, acabó mandando al crío al vestuario castigado para, eso si, ir a buscarlo a los cinco minutos y permitirle retornar a su puesto con una media sonrisa tras su espeso bigote.

7.- Ver a ‘Tarzán’

Si Francisco representa el cerebro de este equipo, Jaime Ramos, su segundo, representa la fortaleza y el desafío inconsciente a los elementos. ¿Qué llueve? Camiseta de manga corta y bermudas. ¿Qué graniza? Camiseta de manga corta y bermudas. ¿Qué estamos bajo cero? Camiseta de manga corta y bermudas. ¿Qué amenaza ciclogénesis? Se pone una sudadera fina, estoy seguro que más por pose que porque la necesite. Ese contraste entre un Jaime Ramos viril y duro como un peñasco y los jugadores abrigados hasta las cejas mientras calientan non tiene precio. Larga vida a Tarzán.

Seguro que se me quedan varias en el tintero, y que cada uno podrá añadir alguna más a las expuestas. De hecho, estaría bien que dieseis la matraca con ellas a vuestros amigos, familiares y conocidos que siempre encuentran excusas para no bajar al campo aunque les regalen la entrada. Estaría bien convencer, poco a poco, a la gente para que se uniesen a la causa y animasen a los nuestros, que son un poco los de todos. Que dejen por un par de horas de lado el fútbol hollywoodiense y experimentasen lo que es bajar al fútbol modesto, al de verdad. Porque si no se perderán algo maravilloso, y el que no baja, no sabe lo que se es eso, y lo que se pierde.

Foto principal: Estadios de fútbol.

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