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Licencia para soñar

por Colaboración 14 diciembre, 2017

Por Juanma Serrano, de Top Segunda.

Con mucha incertidumbre me presenté en Lugo. Incertidumbre por si se podría jugar el partido y, en caso de que el colegiado diese el pitido inicial, por el “espectáculo” futbolístico que podría ver ya que el estado del verde no prometía ser el mejor posible. Dar una vuelta al Anxo Carro en el momento de comprar la entrada tampoco me ayudó a esta incógnita que traía en la cabeza durante el viaje. La lona negra que intenta cubrir la grada supletoria se movía al son del inicio del vendaval que las estaciones meteorológicas preveían para las tres de la tarde. En el otro fondo, una cascada de agua hacia el exterior demostraba la dificultad que tenía el estadio para retirar la lluvia que estaba cayendo. Esto no pintaba bien.

Pero tras una comilona con el lugoslavo Borja y de pasar los tornos a una hora para el inicio del choque, era envidiable cómo lucía el césped. Que se lo pregunten a la gente de Oviedo que fue al partido de los de Anquela contra Osasuna, y no creo que la lluvia caída en Asturias fuera mucho mayor que la que atacó Lugo. Mérito para Calfensa, o para Cabo según me comentaron, pero parece que esto es como el Sil y el Miño, que uno lleva el agua y el otro la fama.

Primera experiencia en el Anxo Carro

Esta era mi primera visita al Anxo Carro y la experiencia fue muy positiva. El estadio trae aroma a fútbol inglés. Gradas cubiertas (la mayoría), recogido, pequeñito, las gradas cerca del terreno de juego y la afición vistiendo mayoritariamente chaquetones oscuros y, los que llevaban la camiseta, seguro que 3 tallas más grandes para ponerla por fuera de las capas de ropa.

La entrada adquirida no ayudó a tener una perfecta visión del choque, que era el objetivo principal del viaje. Parecía que estaba en Barraña viendo al Boiro, ya que una columna me obligaba a moverme y, si llego a tener un GPS puesto de los que llevan los jugadores, seguro que recogía más movimientos de los que hizo Juan Carlos en la primera mitad. Eso me obligó a buscar otra ubicación en la segunda parte y, aunque fue de pie, lo pude ver y disfrutar. Disfrutar por el juego desplegado por los de Francisco en los primeros 20 minutos después de volver de los vestuarios. La Cultural pareció una marioneta en manos de los jugadores albivermellos que, a base de apretar las pérdidas de balón en campo contrario, no permitieron a los leoneses salir con el balón jugado, objetivo principal de Rubén de la Barrera (la Cultural llegaba al Anxo Carro como el segundo equipo con más posesión en las primeras 17 jornadas, sólo superado por el Valladolid de Luis César).

Por lo general, los EQUIPOS (y lo pongo en mayúsculas porque quiero referirme a aquellos conjuntos en los que todos suman, aportan, luchan y reman hacía un mismo lado sin pensar en individualidades) son los que acaban subiendo.

Pero empecemos por el pitido inicial. El Lugo ya se sabe lo que va a hacer, cómo va a salir a jugar. El típico 4-2-3-1. El que quiso reinventar este deporte fue el técnico coruñés de la ‘Cultu’. No confía en el excapitán lucense Manu y esa poca confianza le obligó a usar a un central en el lado izquierdo y Ariday, extremo, actuó de carrilero. Además, Isaac Carcelén, lateral derecho, salió como interior en un trivote y Emi Buendía, el mejor futbolista en las 17 primeras jornadas para los visitantes, sin una posición fija y se le vio muy perdido. Con la simpleza que se explica el sistema lucense y lo engorroso que es el de la Cultural se resume lo visto en los primeros 45 minutos. Uno que tiene las ideas muy claras y sabe qué hacer en cada momento y por eso está en las posiciones de privilegio contra otro que innova, cambia y prueba debido a la mala dinámica del equipo.

El saber qué hacer es fundamental en una liga tan igualada. Por lo general, los EQUIPOS (y lo pongo en mayúsculas porque quiero referirme a aquellos conjuntos en los que todos suman, aportan, luchan y reman hacía un mismo lado sin pensar en individualidades) son los que acaban subiendo. Hay casos y casos, pero un club que mantiene el bloque de una temporada a otra, siempre empieza bien la temporada. Y el Lugo lo hizo. Miquel, Seoane, Iriome, Campillo y Fede Vico son esa base a la cual se han unido para sumar futbolistas de diferentes perfiles durante sus carreras pero que tienen una en común: hambre por ganar y seguir creciendo. Lugo es un lugar idóneo y más tras ver el éxito de Alfonso Pedraza la temporada anterior. Es un club para crecer futbolísticamente sin mucha presión alrededor. Pero eso de la presión puede que sea hasta dentro de poco, ya que el buen hacer en la tabla puede traer una exigencia positiva para los futbolistas, al ver el ascenso tan cerca con casi la mitad de la temporada disputada.

La seguridad mostrada por el Lugo en la primera mitad se tradujo en ocasiones. Buscaron el dos contra uno en las bandas, con laterales muy profundos y doblando a cada ocasión que tenían. Sin embargo, lo hablado antes del partido con un compañero, apareció: la falta de un ‘killer’, un goleador. Con esa claridad de ocasiones, otros equipos se irían al descanso 2-0.

El punto de agresividad que tuvo el Lugo al reanudar el partido fue excelso.

Rubén de la Barrera tuvo que mover ficha al ver que nada le estaba funcionando. Recurrió a un típico 4-3-3 mediada la primera mitad y gracias al descanso, tuvo 15 minutos para explicar a sus jugadores lo que esperaba al volver al terreno de juego. Sin embargo la charla sirvió de poco ya que el punto de agresividad que tuvo el Lugo al reanudar el partido fue excelso. Si al saber qué hacer en cada situación se suma un compromiso superlativo, se produce un cóctel de ocasiones que, al juntarle acierto, se traduce en goles.

Para demostrar que lo del ‘killer’ puede quedar en el olvido apareció Mario Barco. Y quién sino… ya que con el agua que estaba cayendo, hay que tener una embarcación para salir remando en caso necesario (lo siento por el chiste, pero tenía que hacerlo). El de Tafalla remó contracorriente y estaba en el lugar indicado para aprovechar un fallo garrafal de Ramón Azeez. Después de una gran intervención de Juan Carlos a un disparo de Emi Buendía, llegó la fe de Iriome para encarrilar el choque. La fe del Iriome que rescató victorias ante Albacete, Zaragoza y BarçaB y que despertó al Lugo en una temporada que había comenzado de forma desastrosa.

Josete, Iriome, C. Herrera y Seo tienen licencia para soñar. | Foto: La Liga.

Mario Barco decidió poner un esparadrapo definitivamente en la boca del que escribe para tratar de desterrar el debate del delantero. Cazó otro rebote, en el sitio oportuno, para fusilar y sentenciar. El Polaco Fydriszewski (que conste que lo escribí a la primera y después lo comprobé en San Google para corroborar que estaba bien) tendrá que ponerse las pilas cuando vuelva si quiere arrebatar la punta del ataque a Barco. Lo mismo con el flamante fichaje para cuando esté recuperado, Chuli, que también puede desempeñar funciones de extremo, al estilo de Cristian Herrera.

La Cultural, mientras, no hacía otra cosa que mirar el baño futbolístico que estaba sufriendo. Me quedé con más ganas de ver cosas de los leoneses, pero parece que están en plena caída libre y necesitan una victoria por lo civil o lo criminal para volver a alzar el vuelo.

Los cambios sí que aportaron algo más de tranquilidad y bajaron las revoluciones del Lugo, que intentó dormir el choque con futbolistas de más posesión como Pita y Albarracín.

En esta liga cuando un equipo se pone por delante, repliega y cede el balón al rival para buscar finiquitar en algún contragolpe. Eso no sucedió con los de Francisco, que se dedicaron a seguir presionando y buscaron la goleada. Los cambios sí que aportaron algo más de tranquilidad y bajaron las revoluciones del Lugo, que intentó dormir el choque con futbolistas de más posesión como Pita y Albarracín.

Al retirarse del campo los jugadores sustituidos, los 3000 valientes que fueron al Anxo Carro se pusieron de pie. Hay comunión en la grada. El equipo vence y gusta cómo juega. Los resultados siempre ayudan en este tipo de valoraciones, pero la entrega y el estilo suma y, aunque el marcador fuera otro, ese día la reacción de los aficionados seguramente fuera la misma.

El doble pivote, clave en este equipo

Mención especial a “Moncho”. Desde la grada de preferencia alguien comentó: “Qué bien juega nuestro Moncho”. Estaba claro que se refería a un futbolista y tras repasar si había algún jugador gallego al que le pudiesen apodar así, caí en la conclusión de que no había ninguno. “¡Ostras! ¡¡Ramon Azeez!!”, pensé pasados unos minutos tras ver las exhibiciones continuas de físico que hacía. Pese a no tener un control de balón cercano a sus pies, su zancada le permite ganar metros sin que los rivales le puedan parar. Con un poco más de calidad en pases clave, sería un jugador de otra categoría sin duda alguna. Se rumorea con un posible traspaso, pero se ha demostrado que con Francisco, su valedor en el Almería hace varias temporadas, él se siente cómodo y despliega su mejor versión.

Para que el nigeriano sea un box-to-box como dicen en Inglaterra, tiene que haber un escudero. Ese es Fernando Seoane, otro que está a un nivel brutal en esta temporada. Siempre lee los pases rivales y su posicionamiento le permite cubrir las zonas que quiere ocupar en cada instante. En el fútbol no gana el que más metros hace, sino el que mejor los hace y el “8” aplica esta norma no escrita a la perfección.

“No hace falta decir nada más”, como diría Bernd Schuster, cuando dos futbolistas que no juegan habitualmente lo hacen bien (Josete y Luis Muñoz)

El doble pivote es la clave principal de este equipo. No se descompone en ningún momento, mantiene las líneas unidas y los dos mediocentros hacen que la presión tras pérdida sea útil y no resulte en un desgaste. Otra mención es para los centrales. Había nervios ante la salida de Ignasi Miquel pocos días antes del partido, aún más sabiendo que Bernardo estaba sancionado para este encuentro, pero Josete y Luis Muñoz cumplieron su papel sin sobresaltos, correctos en todas sus acciones. Y cuando dos jugadores que no venían siendo titulares, en posiciones tan importantes como son los centrales, hacen un partido así, no hace falta decir nada más, como diría Bernd Schuster.

El Lugo da la sensación de ser un gran grupo, una piña, con todos remando, con el portero salvando las que tiene que salvar, y con dos timones en el medio que guían y dan confianza a los que tienen que rematar la faena. E, incluso cuando los atacantes no tienen el día de cara, el equipo insiste e insiste hasta que lo consigue. Queda mucha liga y, a partir de ahora, los equipos que más han cambiado en verano empiezan a compactarse. Los albivermellos, de acertar en el mercado de invierno, tendrán mimbres para aguantar y otorgarán a sus aficionados de algo más que una licencia para soñar.

Foto principal: La Liga.

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