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Puntos en conserva

por Denís Iglesias 31 octubre, 2017
Los jugadores del CD Lugo luchan por un balón frente al Nàstic | Foto: LaLiga.

Me encantan las conservas. Esa es la respuesta que llevo dando a la manida “¿cuál es tu comida favorita?”, una cuestión que cuando eres pequeño sirve para socializar y que vuelves a responder hasta la saciedad cuando empiezas a aprender un idioma y vuelven a tratarte como un niño. “¿What’s your favorite meal?” -”Conserves (creo que se dice preserves)”. Son el mejor recurso del mal cocinero, un modo fácil de acceder a manjares que si cayeran frescos en nuestras manos acabarían convertidos en plutonio.

Aunque hoy tengan un espacio en las estanterías de los gourmets, las conservas nacieron en el siglo XVIII en plenas Guerras Napoleónicas. Napoleón Bonaparte ofreció un premio de 12.000 francos a quién fuera capaz de encontrar un proceso para guardar alimentos durante largo tiempo que sirvieran para abastecer a su famélico ejército. Nicolás Appert fue el galardonado con una receta con la que cocinaba parcialmente los alimentos y los guardaba en botellas de vidrio grueso, cerradas con tapones de corcho.

Cuando te dedican un sello es que algo has hecho bien.

El atún en lata ayuda al aspirante a fornido. Las zamburiñas sirven para llevar Galicia al que no puede viajar o al que está lejos de ella. Los espárragos ayudan al atragantado. Y así mil conceptos asociados a una técnica que ha mantenido el aliento de cientos de batallones. El CD Lugo se ha esmerado en montar su propia industria conservera de puntos en este inicio de curso.

Una defensa sin abrefácil

Algunos descorchan botellas al ver el primer liderato en solitario del equipo rojiblanco en su historia en Segunda División. Dentro de la fábrica que encabeza Francisco escuchan el ruido que han sido capaces de generar con altas dosis de orgullo, pero el capataz se esmera un día sí y otro también en que los 23 puntos -casi la mitad de los que hacen falta para mantenerse- son puntos en conserva para el largo invierno que viene por delante. 12 goles enlatados, de diferentes maneras: en los minutos finales, al rechace, desde fuera del área…, que sirven para crear un estado de euforia desmedida que llena el reportaje de la semana en los diarios.

Seoane y Azeez permiten que el equipo conserve su sabor día a día

El escabeche, la salsa mágica que está conservando su sabor volvió a quedar demostrado ante el Nàstic: Seoane y Azeez. Tantos años acostumbrados a una dupla conformada por Pita y el de Tapia, el nuevo eje parecía extraño a inicio de temporada. Fue vendido como una alianza entre dos destructores que pondrían un pastor eléctrico contra cualquier ataque. ¿Y quién creaba más allá de esta masilla?

La realidad de estos primeros tiempos de la Era Francisco es que Azeez -al que él mismo convenció para venir a Lugo- es una criatura que no aparecía en el Anxo Carro desde tiempos mitológicos. En su presentación se definió como un box-to-box, uno de esos anglicismos que la primera vez que los escuchas piensas: “Ya están con la turra del managing coworking para amplificar cualidades”. De la caja a la caja, traducido literalmente. De un área a la otra. Esa cresta que parece nacida en el Black Block no para en todo el partido. Recupera y acelera. Llega y distribuye.

La cresta del 'Black block' lucense, siempre al alza | Foto: LaLiga.

La cresta del ‘Black block’ lucense, siempre al alza | Foto: LaLiga.

A veces falla, pero se revuelve y recupera la posición. Seoane no es más que Seoane, un ejemplo perfecto de compromiso, que ridiculiza a las estrellas partido tras partido. Acaba de ser renovado y cabe pensar en la posibilidad de una regresión al pasado para conservarlo a él también, el jugador más importante de la historia reciente del club. Y falta por entrar en juego Carlos Pita, recurso de lujo para desatascar los partidos más angostos que el otro día pudo al fin debutar.

Juan Carlos, el conservero

Pero si hay un jugador que podría ganarse el mote de conservero es Juan Carlos. El portero del CD Lugo volvió a protagonizar una de las paradas de la jornada ante Manu Barreiro. Es un fijo en los highlights de las manos milagrosas que tan bien empastan en los resúmenes de la jornada. Ha recubierto la portería rojiblanca de acero inoxidable y ha tirado el abrefácil al Miño. La marcha de José Juan había proyectado una larga sombra que el carácter del portero alcarreño ha iluminado con su carácter. JJ era nuestro particular antihéroe, JC está en el otro extremo del bucle. Siempre gritando, siempre ordenando para evitar un motín a bordo. Cuando alguno de sus escuderos falla, grito directo al tímpano. Cuando acierta, palmada en la espalda que se siente en el pulmón.

Los tres porteros con más paradas de Segunda: Javi Varas (Granada), Mariño (Sporting) y Juan Carlos (Lugo)

Titular indiscutible, Juan Carlos se ha sacudido los datos y los comentarios que se cernían sobre él tras tres descensos consecutivos con el Córdoba, Rayo (ambos desde Primera) y Elche. Cuando el equipo ha flojeado él se ha erigido como salvaguarda de los puntos. Es el tercer portero que más paradas acumula, 39, sólo superado por Javi Varas (Granada) y Diego Mariño (Sporting), precisamente, segundo y tercer clasificados por detrás del Lugo. La estadística refleja la importancia de tener un buen guardián.

 

Como dijo Francisco tras la victoria ante el Nàstic toca hacerse una foto con la clasificación. Guardarla para que los que vendrán entiendan que sí se quiso y que sí se pudo. El otro día unos chavales, todos ataviados con las camisetas del CD Lugo, jugaban su propio encuentro en el pasillo del Fondo Norte. Cuando eres crío te preocupa todo y nada, todo es instantáneo en un estado que piensas que se va a prolongar de por vida. El valor y la historicidad del momento se lo darán después. Por ahora, el estadio les ha servido para recuperar el juego que antes se hacía en la calle, contra con la puerta del garaje y con cristales rotos por algún furo desencuadrado. Y cuando celebran los goles, ya no lo hacen como Cristiano, dicen su nombre y se levantan la camiseta, como anticipando un momento que quisieran vivir en unos años.

Los de las canas, mientras tanto, siguen su vida en el estadio. Da igual que sean primeros en la clasificación. Ellos empezaron a bajar al Anxo Carro para no evitar que la casa se les cayera encima. Para que sus quejas sobre el mundo tuvieran un objetivo claro: los árbitros o los jugadores, rivales, conocidos o suplentes. Por eso tras un mal control siguen gritando y convirtiendo el estadio en un espacio de libre expresión donde cada uno vive esta gesta a su manera. Eso sí, sabiendo que tras los tornos, en sus lugares de trabajo o en la partida de dominó son los abuelos, padres, hijos y nietos de un equipo que sueña alto.

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