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El Lugo no encuentra el rumbo

por Ramón Rivas 2 septiembre, 2017

Con ganas de remontar el vuelo y ya sin demasiado colchón afrontaba el Lugo su duelo ante uno de los conjuntos con más solera del fútbol español. Un Cádiz que, en opinión de un servidor, terminará la temporada metido de lleno en la lucha por el ascenso de categoría. Francisco, con los laterales en cuadro, dio la oportunidad a Luis Ruiz y por obligación le puso galones al recién llegado Luis Muñoz, que bajo esa batuta de “polivalente”, se tuvo que desplazar al lateral derecho. Para paliar la manifiesta falta de creatividad que se pudo ver ante Sporting y Reus, el técnico almeriense confió en Sergio Gil en detrimento del nigeriano Ramón Azeez.

El partido comenzó bastante mal, con una pérdida infantil de Bernardo que desembocó en una clara ocasión de Dani Romera, quien estrelló el balón en el palo gracias al achique perfecto de Juan Carlos, que poco tardó en anticipar el recital que estaba por llegar. A partir de ahí, y durante los siguientes 15-20 minutos, los gaditanos tiraron de valentía para dominar el partido por encima de un Lugo que había saltado al campo adormecido. Aitor García desbordando a Luis Muñoz una y otra vez y Salvi Sánchez partiendo desde la mediapunta hacia los costados para romper el eje defensivo del Lugo ejemplificaron bien esta superioridad visitante del inicio. Sin embargo, el cambio táctico de Francisco en el ecuador del primer tiempo, cuando decidió rotar a los extremos de banda para perfilarlos a pierna cambiada, le dio muchísimo aire al equipo en campo rival, y a partir de ahí todo empezó a fluir. Los balones divididos ya empezaban a caer del lado local, la posesión era mucho más constante y las combinaciones en la parcela ofensiva más veloces y precisas, con un intercambio de posiciones en ataque que por momentos desencajó el repliegue del Cádiz, asunto que no es nada sencillo. Sin disfrutar de ocasiones manifiestas del gol, el Lugo sí que rondó con peligro el arco de Cifuentes, lo que le permitió irse al descanso con una sensación de evolución positiva con el paso de los minutos.

Campillo se retiró del campo silbado por la afición lucense

El entretiempo no rompió demasiado el ritmo de los locales, que a pesar de que volvían a tener a sus extremos otra vez a pierna natural (una decisión que por el momento no alcanzo a comprender), siguieron tejiendo un buen circuito asociativo de pases y dominando a partir de la posesión. Campillo sigue a un nivel bastante bajo, y a pesar de que hoy dejó mejores sensaciones que en los dos partidos anteriores, con algún momento de brillantez puntual en el primer tiempo, se marchó silbado por el público en el 55, pocos minutos después de decidir no correr a por un balón en profundidad al que tenía opciones de llegar, gesto que desde luego no gustó nada a la grada. Sin ánimo de pontificar ni repartir ningún carnet de buen aficionado, simplemente aprovechando esta humilde tribuna para dar mi opinión, no me gusta nada que se pite al equipo o a jugadores en concreto salvo causas muy muy justificadas (evidentemente no es el caso) y por eso en los años que llevo acudiendo al Anxo Carro jamás lo he hecho, al igual que tampoco me gusta que la gente se marche del estadio antes de que el árbitro pite el final del partido, y por eso en los años que llevo acudiendo al Anxo Carro jamás lo he hecho.

Como decíamos, se retiró Campillo e ingresó Sergio Díaz, un futbolista diferente y especial que, para lo bueno y lo malo, es frío como un témpano. Nos dejó muestras de su infinita calidad, su capacidad de girarse y revolverse en espacios reducidos y esa virtud de “culear” para aguantar muchísimo el contacto físico sin caerse al suelo. A cambio, casi no corre nada y tampoco es capaz de diferenciar demasiado bien qué zonas del campo son adecuadas o no para hacer según qué cosas. A pesar de todo ello, su entrada cambió por completo el color del partido y nos dejó ver al Lugo más creativo en los últimos metros del campo. En este preciso momento, con el equipo y la grada encendidos, se notaron muchísimo algunas ausencias clave, especialmente las de Pita y los laterales titulares. Luis Muñoz ni llegó a línea de fondo, Luis Ruiz sí lo hizo, pero no puso ningún centro diferencial a pesar de tener tres o cuatro buenas oportunidades para hacerlo, y por eso en condiciones normales no será capaz de imponerse a Kravets. En cuanto a Sergio Gil, aunque tiene el talento suficiente para ser un organizador, le falta muchísimo brío en las disputas y es habitual que el ritmo desaforado del centro del campo le pase por encima, como en esta ocasión.

Los minutos siguieron pasando, y con ellos se fue apagando el dominio del Lugo. Los cambios de Álvaro Cervera le otorgaron un plus de intensidad a los amarillos, que a partir de brutales transiciones tuvieron ocasiones suficientes como para hacer varios goles, de no ser por la presencia de Juan Carlos, que estaba en uno de esos días en los que parece imbatible. Sin embargo, los de Francisco no se dieron por enterados, no quisieron aprender de sus errores, y demostraron estar muy lejos de eso que en el argot futbolístico se denomina “oficio”. Con todo el equipo volcado arriba para rematar un córner, llegó un envío horrorosamente corto de Fede Vico, que inmediatamente propició la contra del Cádiz. Guille Donoso, con mucha inocencia, dejó recibir tranquilo a Moha (futbolista que debía estar expulsado por una agresión nada más saltar al campo) y ni siquiera intentó hacerle falta, y a partir de ahí ya fue imposible. Luis Muñoz, que estaba tieso, no soportó la carrera y solamente alcanzó a hacer el penalti que a la postre serviría para la victoria de los andaluces.

Juan Carlos fue el mejor del Lugo, realizando varias paradas espectaculares.

Francisco decidió colocar a Ignasi Miquel como faro en la frontal del área para peinar balones, y más por empuje que por juego, llegó una ocasión clarísima de Sergio Díaz en la que el paraguayo ni mucho menos remató mal, pero se topó con un Alberto Cifuentes inverosímil. A lo portero de equipo grande, sólo tuvo que aparecer una vez, ¡pero vaya aparición! La última ocasión de Moha Traoré queda en el terreno de lo anecdótico, pues afortunadamente no sirvió para echar más sal en la herida abierta que ahora mismo tiene el Lugo. Lo único positivo que se me ocurre en estos momentos es que el compromiso de Copa ante el Nàstic (martes, 18:45 h.) nos evitará estar toda una semana sin fútbol dándole vueltas a unas sensaciones que, evidentemente, a día de hoy no son las mejores y urge revertirlas.

NOTAS

Juan Carlos, un 9: el mejor del Lugo a una diferencia considerable del siguiente. Paró todo lo parable y todavía un poquito más. Rápido al achique, seguro por alto y espectacular en materia de reflejos. Gran inicio de temporada el suyo, que despeja cualquier duda referente a la portería.

Luis Muñoz, un 6: llegó hace días, es central y se encontró de titular como lateral ante el que seguramente sea el equipo que más ataca por bandas de toda la categoría. Comenzó el partido muy superado, pero con el paso de los minutos se fue asentando. Aunque inoperante en ataque, nos dejó buenas coberturas, seguridad por alto y alguna que otra acción técnica de categoría, difíciles de ver en un defensor.

Bernardo Cruz, un 4: no tomó demasiadas decisiones con el balón, y cuando lo hizo normalmente fueron erróneas. Es alto y rápido, pero necesita ganar masa muscular y contundencia defensiva.

Ignasi Miquel, un 7: imperial, como en Gijón. Un bastión por alto y un central con muchísima categoría para sacar el balón. Estuvo atento todo el partido, y en los minutos finales supuso una gran solución ofensiva para el equipo.

Luis Ruiz, un 5: no aprovechó su oportunidad como debería. Cumplió en defensa y dobló bien en ataque, pero tuvo varias ocasiones en las que estaba solo para meter buenos centros y no fue capaz de hacerlo.

Seoane, un 7: después de muchas temporadas, por fin cuenta con una competencia real para el puesto. Había dudas, y él se ha encargado de despejarlas. Muy aseado con el balón e inteligentísimo en tareas defensivas. Aportó la intensidad que no puso Sergio Gil en el centro del campo y realizó varias faltas tácticas que impidieron contragolpes. Incluso se atrevió de lateral cuando Luis Muñoz sufrió problemas físicos. El Seoane de siempre.

Sergio Gil, un 5: otro que no aprovechó su oportunidad. Bien con balón, aportó toques de calidad que mejoraron la circulación, pero estuvo flojo en la disputa y muy poco enérgico. O mejora en los siguientes partidos o será el 4º centrocampista en la rotación cuando vuelva Carlos Pita.

Iriome, un 6: sigue sin ser el mejor Iriome que conocimos. Ganó alguna por alto, aportó profundidad y probó un buen disparo desde lejos cuando Francisco le desplazó a la izquierda. Es una de las referencias de este equipo y necesita dar un paso adelante.

Campillo, un 5: por primera vez desde que llegó a Lugo, la frustración del público con respecto a su actitud se hizo evidente. Aunque no estuvo tan mal como otros días, se le volvió a ver desganado e inoperante con el balón, excepto en una buena acción durante el primer tiempo. La sustitución en el minuto 55 supone un severo toque de atención por parte de Francisco, que lo tiene en la cuerda floja.

Fede Vico, un 5: se sigue viendo lastrado por jugar en una posición que no es la suya. Sus mejores minutos llegaron partiendo desde la derecha hacia dentro, tirando paredes y enfocando la portería. De nuevo, se apagó con el paso de los minutos. Mal a balón parado.

Cristian Herrera, un 7: es difícil pedirle más. No tuvo ocasiones, pero buscó tocar el balón como el que más. Activó con combinaciones a sus socios de ataque, siempre moviéndose, siempre incordiando a la defensa rival. Estuvo muy generoso en la presión, y en ningún momento dio sensación de apatía. Dejó detalles que el público valoró positivamente.

Sergio Díaz, un 7: la mejor noticia del día. Salió al campo y jugó con la defensa del Cádiz a su antojo. Regateó, pisó, giró sobre sí mismo y controló melones como si llevase chicle en las botas, aunque también tomó alguna mala decisión. Pudo abrir la cuenta goleadora del Lugo esta temporada de no ser por la parada de Cifuentes. Sin embargo, su aparente desgana le puede pasar factura cuando las cosas no le salgan tan bien.

Ramón Azeez, un 5: ni bien ni mal. De nuevo no fue capaz de mejorar el tránsito de la pelota, pero tiró de físico cuando Seoane se desplazó a la derecha y se quedó solo en el centro del campo.

Guille Donoso, un 5: aportó ganas, y dejó una asistencia de tacón magistral en la ocasión de Sergio Díaz. A pesar de ello, se le volvió a ver errático, y sigue sin ser capaz de prolongar las buenas sensaciones que dejó en pretemporada.

Francisco, un 6: reaccionó bien a las carencias del equipo en las otras jornadas introduciendo más calidad en el medio campo, y alineó la defensa más lógica en vista de las circunstancias. Es bueno que le guste meter los cambios tan rápido, aunque quizás se precipitó demasiado en el último de ellos, lo que pudo castigar al equipo cuando los laterales sufrieron físicamente. Se deja la vida en la banda y nunca para de apretar a sus jugadores, aspecto que el aficionado siempre valora positivamente.

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