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Barreras psicológicas

por Denís Iglesias 28 agosto, 2017
Acción del segundo gol del Sporting, anotado por Michael Santos.

Nada más entrar en un estadio como El Molinón te has rendido sin querer. Te has quedado paralizado al ver una construcción magnánima para un equipo de Segunda División. Cuando lo ves completamente lleno, la cabeza en los hombros pesa más de lo debido. Es imposible no sentir respeto en un templo al que acuden más de 20.000 fieles a contemplar una homilía no siempre agradecida.

De repente, una barrera psicológica cubre la zona visitante y tienes la sensación de que es imposible ganar. Te sientas y esperas el pitido inicial. Suena la megafonía y un aplauso atronador destruye la atmósfera. Gijón agradece el regreso del fútbol aunque sea tras un descenso. Pese a los Fernández y apellidos que vendrán. Después de un día repleto de reencuentros con los compañeros de grada llega el momento de ocupar los asientos. Se engarzan la bufanda al cuello como si fuera la correa de un AK-47 y comienzan a disparar cánticos para los guajes.

La voz del locutor continúa: “¡Necesita decir esto! Vuelve el fútbol al Molinón. Hoy queremos que su afición se sienta como en casa. ¡Puxa Lugo!”. Toda la dialéctica de los enemigos, uno de los motores de este deporte, se estropea y de pronto te sientes parte de un lugar que no es el tuyo. La patria del fútbol te llena y casi sudas las botellas de sidra que te has metido entre pecho y espalda.

 

Quieres aprender a vivir así el fútbol, a no tener miedo a caer, a agradecer, a levantarte, a admirar y, por encima de todo, a valorar el momento histórico que vive un club como el Lugo, reverenciado, en parte, por un gesto de hace varias temporadas realizado por Caballero, hombre que ni siquiera está ya en el equipo. Es algo más que eso. Es una afinidad que a algunos les corroe y a otros les maravilla, como cualquier posicionamiento. Estar sentado en tu butaca y ver esto acojona. Más que si te estuvieran abucheando. Tú, pez pequeño, quieres comerte al grande y éste te abre la boca para que te metas por él y lo mires. El partido no ha empezado y a ti ya se te han revolucionado los chakras.

Pitido inicial. El hipnontzador aplaude, pierdes al equilibrio y vuelves a lo tuyo. Los 11 de abajo han venido a jugar y quieren ganar. O eso demostraron en el primer tiempo ante un Sporting que les cedió el balón. Como contra el Reus, los pupilos de Francisco no tuvieron miedo a detentar el protagonismo inicial. Las ocasiones llegaron, de igual modo que en el primer episodio de esta temporada, pero también fueron infructuosas. A los tres minutos Iriome ya había puesto la cabeza para generar la primera tentativa del encuentro.

Impotencia goleadora

Fede Vico, que asistió al tinerfeño en la jugada anterior, probó poco después con suerte similar. Del éxito de estos dos hombres, junto del de Campillo, van a depender las posibilidades del CD Lugo esta temporada. Francisco quiere que el gol no sea una tarea exclusiva del hombre o los hombres que estén en punta de lanza. El caudal ofensivo ha de salir de la segunda línea. Tiros mordidos, precipitados, intervenidos o agonizantes componen hasta el momento (dos jornadas) el cuadro vanguardista de un equipo que tiene que aprender vivir sin un hombre en racha como ha pasado en temporadas anteriores (Joselu, Caballero, Rennella, Óscar Díaz…). 

En el campo se vieron casos de lucidez individual, pero para ganarle a un equipo como el Sporting, que se permite tener el lujo de un banquillo con hombres como Carlos Castro, Isma López, Moi Gómez o Álex Bergantiños; tienes que dar primero y no cometer un error. El Lugo sólo araño y dejó escapar vivo al conjunto de Paco Herrera al descanso. Fue capaz de amordazarlo y azuzarlo por las bandas. No hubo golpe de gracia. 

Leuko perdió una oportunidad para ganar la titularidad frente a Campabadal, que se cayó de la convocatoria a última hora por lesión. Dejó entrever una baja capacidad de repliegue, uno de los defectos que le impidió conquistar la continuidad el año pasado. La línea del suspenso también converge en Campillo, deslavazado y sin conexión con Herrera, que prácticamente no recibió un balón franco en el Molinón. Tampoco dio una a balón parado, tarea que se le ha atribuido desde hace tiempo y que cada vez se le atraganta más. Por el contrario, provocó una falta que hubiera supuesto la expulsión de Quintero.

VARdes Aller

Valdés Aller, un viejo conocido de la parroquia lucense por sus arbitrajes llenos de virajes y subvirajes, decidió obviar las protestas del jugador madrileño y de todos los aficionados lucenses desplazados. La roja catedralicia hubiera cambiado por completo el guión del encuentro. Semana tras semana, las actuaciones de ciertos colegiados hacen necesaria la implantación del videoarbitraje. La “salsa” de los defensores de lo tradicional ha caído en el descrédito de un colectivo anquilosado. Ver que un linier no ayuda prácticamente a tomar casi ninguna decisión refuerza los argumentos de un arbitraje más justo.

La vida siguió y con ella la falta de un mediocampista creativo en el doble pivote se sintió más allá de las carreras por los flancos. Aunque el bagaje defensivo de Seoane, y, sobre todo, de Azeez, permitió mantener a raya a los delanteros locales. El internacional nigeriano, más que de ‘box-to-box’, definición con la que se presentó, hizo de chico para todo. Francisco ha de encontrar el equilibrio natural entre líneas sin perjudicar la templanza defensiva que se escaldó por el flanco de Leuko.

Santo Santos

El descanso trajo una calma tensa. El cielo anunciaba un apocalipsis que se hizo realidad poco después del partido con rayos, centellas e impactruenos. La lluvia comenzó a derramarse en la segunda mitad, y con ella el fondo físico del Lugo, más lioso que liante. Antes del ocaso visitante, Fede Vico disfrutó de un mano a mano que fue incapaz de transformar ante un Diego Mariño. El remate fallido fue como un epitafio. A partir de ahí los hombres de Herrera unieron las espaldas y las ocasiones, como en una cadena de producción fordiana, empezaron a llegar.

En la fase crítica del encuentro es cuando entran en juego los nombres. Para Michael Santos no hay azar ni esfuerzo que valga, sólo talento. En algunas quinielas quiméricas, el avanzado uruguayo se había perfilado como uno de los refuerzos del CD Lugo. Cayó en el Sporting y él sólo se inventó una asistencia para Carlos Carmona. Clavó el segundo tanto tras un saque de esquina. En ambos lances Leuko estuvo perdido. La manifestación de superioridad se plasmó en las diagonales del propio Carmona, que disolvió como el ácido a la defensa ‘estrellada’, valga la redundancia, por el estreno de la camiseta patrocinada.

El Lugo intentó no perder la compostura para impedir una goleada abultada. La sequía se mantuvo hasta el final y el 2-0 llevó a la entidad rojiblanca a ocupar, por primera vez tras su regreso a Segunda (tras la corta aventura de la 92/93), puestos de descenso. Esta barrera psicológica que duele menos tras dos semanas de campeonato, pero alerta sobre la necesidad de volver a anotar. Y no hay tiempo para respirar, el sábado llega al Anxo Carro otro rival salvaje, el Cádiz, con la misma necesidad que el Sporting: estar cuanto antes arriba.

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