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El embrollo económico de la Segunda División

por Ramón Rivas 12 julio, 2017

Seguro que muchas veces has oído hablar de que para este o aquel equipo es muy importante quedar en tal posición para cobrar más por el reparto televisivo, o que tu club no puede gastar X dinero para no superar su tope salarial, y no has entendido muy bien de qué carajo se estaba hablando. A mí me ha pasado. Por desgracia, el fútbol de hoy en día casi te exige saber más de números que del propio juego para estar al día de todo lo que pasa, y por eso me he propuesto entender y tratar explicar de forma sencilla dos conceptos tan mentados hoy en día como son el reparto por derechos televisivos y el tope salarial. Sin la ayuda de los compañeros de Palco23 y Roberto Bayón, este artículo no hubiera sido posible.

Derechos de TV, en busca de una cierta igualdad

Asumiendo que La Liga nunca llegará a los niveles de equidad de la Premier League, referencia en la materia, lo cierto es que en las últimas temporadas se han dado pasos significativos con el objetivo de reducir la distancia entre los equipos con más potencial y los más humildes, y esto se ha hecho notar tanto en Primera como en Segunda División. Exceptuando a clubes como Oviedo, Cádiz o Zaragoza, que mueven muchísima masa social, para el grueso de equipos de la categoría de plata (el Lugo entre ellos) el reparto por derechos de televisión puede alcanzar o incluso superar el 80% del total del presupuesto para una temporada entera. Por ello, es importante que la adjudicación sea medianamente justa.

Un 70% de los derechos de Segunda se reparte de modo equitativo

Del total que entrega La Liga a los equipos de la categoría de plata, un 70% se reparte de manera equitativa. Manejando los datos de la temporada 15/16 (los últimos que hemos podido conseguir), esto supone que cada equipo, del primero al último, recibe de entrada 4’3 millones de euros. Las cifras han podido sufrir ínfimas modificaciones progresivas hasta esta temporada, pero desde luego los datos siguen vigentes y nos sirven como referencia creíble. Del 30% restante, un 15% se asigna en función de la posición conseguida en la temporada anterior, recibiendo el primer clasificado (el que desciende de Primera en la 18º posición) un 17% del bote asignado para tal finalidad, y el último clasificado (el último equipo que asciende desde Segunda B) un 0’25% del citado bote, aplicándose una rebaja progresiva en función del puesto en la clasificación.

Por último, el 15% restante será distribuido en función a criterios un poco inconexos y subjetivos como el número de abonados, la calidad del césped, la iluminación del campo, etc., pero que en definitiva tienen mucho que ver con la imagen que transmites por televisión cuando se emite un partido disputado en tu estadio. En este apartado, la cantidad que reciba el que más ingrese no podrá ser superior a 4’5 veces la cantidad que cobre el que menos ingrese.

Así, volviendo a las cifras de la temporada 15/16, el Lugo percibió un total de 5’15 millones de euros, divididos en 4’3 por la parte fija, 300.000 € por la clasificación del año anterior (15º) y 550.000 € por este último concepto que se ha dado en denominar “impacto”. Todos recordaremos a Luis César insistiendo en la necesidad de no bajar los brazos cuando ya el equipo no tenía posibilidades de alcanzar el play-off de ascenso, y es que una variación de una o dos posiciones en la clasificación final puede suponer tranquilamente una diferencia de medio millón de euros en el presupuesto de la siguiente temporada, cantidad que no es baladí viendo los márgenes económicos en los que se mueven el Lugo y los equipos de una talla parecida.

El tope salarial, un freno a los castillos en el aire

El fútbol de finales de los 90 y principios de este siglo será recordado por muchísimas cosas, desde fichajes extravagantes a presidentes mafiosos (los de ahora lo serán igual, pero tienen el decoro de ocultarse un poco), pero desde luego un sello inconfundible de la época también lo son los equipos que han vivido muy por encima de sus posibilidades. Algunos, como el Dépor o el Zaragoza, han tenido la suerte o la capacidad de ir cumpliendo su penitencia sin salir del sustento que otorga el fútbol profesional, pero otros más desdichados se han visto abocados a deambular por los campos de Segunda B o Tercera o, lo que es todavía peor, a la desaparición.

El presupuesto de un equipo se basa en ingresos, gastos de la camaña anterior, ingresos de la Liga y traspasos

Para evitar que tales experiencias se sigan repitiendo sin solución de continuidad, se ha optado por introducir una medida conocida como techo de gasto o tope salarial. El tope salarial implica la gran diferencia entre el control económico impuesto en España y el del resto de Europa. Además, a diferencia de otras ligas, el control aquí también se hace a priori. Los mecanismos de regulación antes del comienzo de temporada se basan en las “Normas para la elaboración de presupuestos de clubes y SAD” cuyo resultado final es el límite salarial. El presupuesto de un equipo no lo realiza el propio club, sino la Liga basándose en tres premisas: los ingresos y gastos de la campaña anterior, los ingresos que proporciona la propia Liga y los traspasos.

De esta forma, los ingresos se pueden considerar por dos vías: o bien los reales de la temporada anterior, o bien la media de las tres últimas campañas. Es una medida conservadora y no están permitidos los aumentos de presupuesto salvo justificación clara que apruebe la Liga. Lo mismo ocurre con los gastos: no se permite una reducción mayor al 8% salvo justificación. Esto supone un muro de contención para los clubes con delirios de grandeza que quieran aumentar mucho su tope salarial.

La diferencia entre ingresos y gastos será el montante que podrá utilizar cada equipo con el fin de pagar las nóminas, las indemnizaciones, la seguridad social, las amortizaciones por traspasos o, en definitiva, cualquier tipo de remuneración destinada a la plantilla. El techo salarial no es un marco fijo, sino que puede variar. La Liga ofrece un cálculo a comienzos de la pretemporada pero irá fluctuando a medida que los clubes puedan ir justificando mayores ingresos en las distintas partidas.

El cálculo de gastos es menos complejo y se basa en mantenerlo o una disminución pequeña. Los traspasos no habían tenido influencia en los últimos años pero, en el pasado mercado, el dinero de las televisiones ha activado las compras. Aun así, cabe recordar que este dinero no incrementará directamente el límite, sino que lo hará en su porcentaje correspondiente.

Por último, pero no menos importante, se encuentra el llamado “Plan de Viabilidad”. Se trata, en definitiva, de una especie de caja fuerte en la que se incluyen convenios, ajustes y, especialmente, deudas. Se suma a los gastos y reduce el tope salarial. Un club saneado adquiere aquí ventaja. El Zaragoza, por ejemplo, fue el club con mayores ingresos ordinarios durante la temporada pasada, pero contó con el 11º tope salarial de Segunda debido a sus elevadas deudas.

Como veis, la llegada de la modernidad al fútbol, que se está notando sobre todo en el aumento exponencial de los ingresos por comercialización de derechos televisivos, unida a la necesidad de reparar y no repetir ciertos errores que se han cometido en el pasado, nos han llevado a este escenario de aumento de los beneficios pero férreo control del gasto a la vez, que esperamos que derive en una situación de crecimiento sostenido y mejora de las condiciones para todos aquellos que participan de un evento tan popular como es el fútbol, desde el mejor jugador del mundo hasta el más fiel de los aficionados de cualquier club ignorado de divisiones regionales. Por todo ello, ni los dirigentes ni los propios aficionados debemos olvidar que un club, por muchos récords de audiencia que coseche, no será nada sin su hinchada y sin un arraigo social en el lugar al que pertenece.

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