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Un nuevo inquilino en la portería

por Ramón Rivas 28 junio, 2017

Sembrábamos la duda el otro día sobre qué decisión tomaría la secretaría técnica con respecto a la portería, y lo que era un secreto a voces acaba de confirmarse. Juan Carlos Martín Corral (Guadalajara, 1988) será guardameta del Lugo durante las próximas dos temporadas. Llega libre desde el Elche para competir la titularidad con Roberto, y cierra así las puertas del primer equipo a un Pablo Cacharrón que se tendrá que buscar la vida, casi con toda seguridad, en alguna división inferior. Pero descubramos al nuevo integrante de la plantilla albivermella…

Trayectoria

Para empezar, Juan Carlos es un portero de acreditado recorrido tanto en Primera como en Segunda División. Muchas son las voces que han salido al corte a destacar que acumula tres temporadas consecutivas descendiendo, cosa que no deja de ser cierta, pero a lo mejor hubiera sido más pertinente poner el foco en su actuación individual durante las mismas y, por tanto, su mayor o menor cuota de responsabilidad en los citados descensos. Además, tomando como válido el argumento, es curioso que se hayan olvidado de mencionar que también tiene en su haber dos ascensos a la categoría reina del fútbol español, hecho que dejaría casi neutralizada la, permitidme, tontería de que arrastra un supuesto gafe. Pero vayamos al terreno de lo real.

Nacido en Guadalajara, Juan Carlos pronto fue reclutado por la cantera del Rayo Vallecano, club en el que se formó y que le permitió dar el salto al profesionalismo. Durante las campañas 09/10 y 10/11 alternó su protagonismo en el filial con convocatorias y apariciones esporádicas en el primer equipo, aquel Rayo de Míchel, Rubén Castro, Aganzo, Javi Fuego, Movilla y compañía que, de la mano de Sandoval, terminó logrando el ascenso a Primera División. Como era lógico por aquel entonces, la entidad vallecana acometió una profunda renovación con vistas a la permanencia en Primera, y Juan Carlos, con 22 años y escasa experiencia en el fútbol profesional, se tuvo que buscar la vida. Entonces le llegó la oferta de aquel ya menguante Hércules dirigido por el lucense Mandiá, que una vez olvidados los Trezeguet y Drenthe de turno, luchaba por no regresar al infierno de la Segunda B tras haber aprovechado los mejores años de aquella España del pelotazo urbanístico. En sus dos temporadas allí tampoco pudo hacer valer sus cualidades, siempre a la sombra de un Ismael Falcón que atravesaba por aquel entonces el mejor momento de su carrera y era uno de los guardametas referencia en Segunda División.

Una vez fuera del club herculino y ya con la edad y experiencia suficientes como para poder sentirse importante dentro de un equipo, el alcarreño terminó en un Córdoba que llevaba varios años coqueteando con los puestos nobles de la clasificación. En El Arcángel no se pudo imponer a Mikel Sáizar en el primer tramo de la temporada, pero después de la llegada del “Chapi” Ferrer al banquillo y una inoportuna lesión del que hasta ese momento venía siendo el arquero titular, toda la presión recayó en los hombros de Juan Carlos Martín. Por fin la oportunidad que llevaba tanto tiempo esperando, y qué oportunidad. La historia es por todos conocida: un gran tramo final de temporada, clasificación in extremis para el play-off, eliminatoria solvente frente al Murcia, final ante la UD Las Palmas, empate en Córdoba, gol de Apoño en Gran Canaria, casi todo decidido, una invasión de campo, un partido parado, reanudación, gol de Ulises Dávila y el Córdoba a Primera.

La primera vez que Juan Carlos partió como opción preferente de un entrenador para la portería, curiosamente, fue en la máxima categoría del fútbol español. El Córdoba llegó a la élite con la máxima ilusión, pero seguramente sin una plantilla con las garantías competitivas suficientes, y eso se pudo ver bastante pronto. Ninguno de los tres entrenadores que ocuparon el banquillo blanquiverde durante la temporada 14/15 consiguió remediar lo inevitable, y el descenso a Segunda ya era un hecho bastantes jornadas antes de que terminara el campeonato. Sin embargo, Juan Carlos salvó al equipo en muchos momentos y no estuvo nada mal a título individual, lo que le valió para recibir una oferta del Rayo Vallecano y continuar una temporada más en Primera. Aunque de inicio partía con desventaja, de nuevo una lesión, en este caso del veterano Toño, le puso en bandeja la titularidad en el club que le había visto nacer al fútbol. Sus mediocres actuaciones y la irregular marcha del equipo de Paco Jémez obligaron a la dirección deportiva a reforzar el puesto, y el aterrizaje del ex albivermello Yoel en Vallecas le relegó a un segundo plano durante un tramo final de temporada en el que el equipo de la franja no pudo evitar el descenso de categoría.

Está acostumbrado a medirse a grandes rivales en grandes escenarios.

Esta ha sido, hasta el momento, la última experiencia de Juan Carlos Martín Corral en Primera División. A pesar de haber formado parte de equipos inestables, con claras deficiencias de rendimiento y renovaciones muy amplias de la plantilla año tras año (o incluso a mitad del mismo), lo cierto es que en dos temporadas en Primera pudo acumular la nada despreciable cifra de 53 encuentros disputados, combinando algún desacierto con actuaciones de mucho mérito, especialmente en un Córdoba donde fue de los pocos jugadores a rescatar en una campaña desastrosa colectivamente. Este currículum le valió para dar con sus huesos en un Elche todavía dolido y enrabietado por un descenso administrativo que consideran injusto, y cuyo proyecto de la temporada pasada estaba claramente pensado para pelear con los mejores por el ascenso. Sin embargo, poco tardaron las cosas en empezarse a torcer, y lo que parecía ser una temporada mediocre terminó como una auténtica pesadilla con el descalabro del equipo en las últimas jornadas merced a una racha de resultados insostenible.

A pesar de todo, pocos podrán señalar a Juan Carlos como responsable de tal contratiempo. Sobrio y sereno desde el primer partido de la temporada, el de Guadalajara fue el auténtico bastión de resistencia de un equipo pasivo e irreconocible. Los que bajamos al Anxo Carro el día del Lugo 1-2 Elche recordaremos bien cómo sostuvo al equipo con una actuación memorable bajo palos, pero lo cierto es que no fue algo esporádico. Esa buena línea de actuaciones, que fue capaz de sostener en el tiempo, le ha valido para colarse entre los 5 o incluso entre los 3 porteros más destacados del año en Segunda, a pesar de haberse alejado al final de los focos debido a la paupérrima campaña realizada por el club ilicitano.

A sus 29 años, seguramente la mejor edad para un portero al poseer una apreciable madurez pero todavía lejos de llegar a la decadencia física, Juan Carlos Martín Corral llega a Lugo en busca de un equipo estable en el plano deportivo, hecho del que sin duda ha carecido a lo largo de su trayectoria. Si el alcarreño es capaz de no reducir demasiado sus prestaciones, lo lógico sería que más pronto que tarde se terminara haciendo con el puesto de titular en detrimento de Roberto. Su llegada eleva indefectiblemente el nivel de la portería lucense, y supone un movimiento de habilidad y velocidad por parte de la dirección deportiva que encabeza Víctor Moreno, que ha sido capaz de contratar a un jugador cuyo rendimiento más próximo seguramente le hubiera permitido fichar por un equipo de más enjundia que el Club Deportivo Lugo.

¿A qué perfil de portero responde? 

El juego aéreo no es su especialidad.

Tras analizar su trayectoria, toca ver las alternativas que Juan Carlos puede ofrecer bajo palos. Lo primero que destaca en él, por encima de todo, son su agilidad y sus reflejos. En la línea de lo que viene siendo el perfil de guardameta del Lugo en los últimos años (Escalona, Yoel, José Juan…), el alcarreño se siente mucho más cómodo cerca de la línea de gol que cuando tiene que alejarse de ella, y ahí es donde se nota que, a pesar de no ser un portero de baja estatura, no posee una gran envergadura. Sufre bastante en todo tipo de balones aéreos, y a pesar de que en algunas salidas se muestra rápido tapando huecos, no es capaz de abarcar tanto espacio como le gustaría. Que nadie espere de él esa tranquilidad a balón parado que transmiten los porteros espigados, porque ni es capaz de imponerse por alto ni es demasiado proclive a soportar el contacto físico. De hecho, a partir de centros laterales y córners es donde se producen la mayoría de sus errores, ya sea midiendo mal la trayectoria del balón o no siendo capaz de agarrarlo con la suficiente seguridad.

Sin embargo, bajo palos es un lince. Rápido y certero como pocos, es de ese tipo de porteros que hacen atajadas muy visuales. No se queda con los balones, pero los toca casi todos, vayan a donde vayan. Llega muy bien a palos y a las esquinas, ya sea por raso o por alto, y tira de agilidad y reflejos para despejar todo lo que le llega. Tiene facilidad para realizar palomitas e incluso para sacar el pie, en una acción más propia de otros deportes como el fútbol sala o el balonmano. Su escaso tiempo de reacción le convierte en un seguro defendiendo faltas directas o incluso penaltis, donde acumula un buen registro de paradas, y si no que se lo pregunten a Luis Suárez. Si mantiene el rendimiento de los últimos meses será todo un seguro bajo palos, y es de los que cuando están entonados puede acabar desesperando al equipo rival. A poco que las cosas no le salgan mal estoy seguro de que nos regalará varias tardes de gloria a toda la afición lucense. Os dejo con un vídeo de producción propia que muestra algunas de sus mejores acciones y a la vez intenta ser resumen de sus cualidades en la portería. Disfrutadlo.

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