José Juan, el héroe silencioso

publicado por Borja García Varela

Los tiempos han cambiado. Cambian siempre, a diario y sin darnos cuenta. Nos adaptamos y aceptamos las novedades de mejor o peor grado. Vamos interiorizándolas y lo que en un primer momento nos parece extraño, acabamos masticándolo, digiriéndolo y, por ende, normalizándolo. Esto pasa en todos los aspectos de nuestra vida y, por supuesto, pasa también en el mundo del fútbol.

Valoramos muchas cosas, idolatramos otras muchas y cada uno hace hincapié en esas que más le llegan y le creen llenar. La abundancia, la opulencia y el tan de moda postureo son ejemplos de valores que ocupan los tronos (y tronistas) de campeones. Peinados perfectos de la mañana a la noche con impecables ondas, morros saltones en cada infinita instantánea, segundos de vídeo conduciendo con la temperatura en un borde del mimso mientras suena el Despacito de fondo a todo trapo, respuestas cliché aportando lo justo y demás bondades del mundo actual. Autenticidad, ninguna.

Pero afortunadamente todavía queda gente distinta, contemporánea, pero con esencia; con solera, auténtica, honesta y noble. José Juan Figueras García (Vigo 31/12/1979), es ese héroe silencioso que no lleva los cascos al cuello, que parece no pasar por nuestras vidas, pero que sin embargo nos da, cada día, duras lecciones de maravillosa normalidad.

Con esa serenidad que lo caracteriza, conversa con Lugoslavia sobre sus inicios en el mundo del fútbol, sobre de su debut en Primera División, nos habla de su relación con Quique Pina y, lo más importante, nos cuenta cómo pasó de ser Josiño a José Juan.

– ¿Cómo fueron tus inicios en el fútbol?

– Yo soy de un barrio de al lado del Estadio de Balaídos, me crié allí. Había un parque al que iba a jugar al fútbol, como todos los niños. Empecé jugando de jugador, que no era portero, jugaba de interior izquierdo o delantero, no metía muchos goles (risas). Con 7 años un entrenador que tuve dijo: “tú para atrás” y a partir de ahí a la portería.

– Fueron pasando los años, pasaste por distintas categorías y llegaste al Valladolid B.

– Sí. Seguí jugando en distintos equipos de la ciudad hasta llegar a al Colegio Hogar, que es un equipo bastante famoso allí en Vigo, donde estuve dos años en la categoría División de Honor. Luego fui a hacer una prueba al Valladolid, me cogieron y ahí fue donde empezó todo a nivel profesional.

– ¿Buenas experiencias en Pucela?

– Sí, era la primera vez que salía de casa y es una experiencia que siempre se recuerda, conocí a mucha gente. En aquella época el Valladolid era un equipo potente, que estaba jugando UEFA… Me sirvió de mucho aquel año en Valladolid.

– Y luego a Ourense. Luego me fui para Ourense, sí, era joven aún, no jugué demasiado pero en aquellos tres años jugamos tres liguillas y en ninguna de ellas conseguimos ascender. Fue una gran época, guardo muy buenos recuerdos.

Mi debut en Primera fue con el Celta, en un partido que jugábamos contra el Racing de Santander y que empatamos a doses. Cavallero hizo un penalti, lo expulsaron y tuve que salir.

Después fiché por el Celta B, pero hacía la pretemporada con el primer equipo. Mi debut en Primera fue precisamente con el Celta, en un partido que jugábamos contra el Racing de Santander y que empatamos a doses. Cavallero hizo un penalti, lo expulsaron y tuve que salir. El campo lleno, ese año se jugaban meterse en Champions… Fue una muy bonita experiencia.

– Un descuento muy largo en ese partido de debut…

– ¡Seis minutos! El gol del empate me lo marcó Diego Alonso al final de todo, de hecho fue marcarlo y el árbitro pitar el final del partido. Colgaron un balón al área, un globo, estaba con confianza y la vi fácil. Salí a por el balón y el portero rival subió a rematar, me empujó, me desequilibró, no di atrapado la pelota y fue cuando marcaron. Fue un debut agridulce por esa acción final.

Pero bueno, ese año también fue bonito porque con el Celta B jugamos liguilla de ascenso. Había una hornada de jugadores buenísima: estaba Oubiña, Iago Aspas, Cristóbal que luego jugó aquí… Yo creo que si no llega a descender el primer equipo ese año íbamos para Segunda, fue una pena.

José Juan en su etapa con el Celta. | Foto: Óscar Vázquez.

– ¿Qué tal con los jugadores del Eurocelta? Mostovoi, Benni McCarthy, Giovanella…

– Tenían un equipazo. Por mi posición me fijaba más en Cavallero y Pinto y me ayudaron un montón, pero sí, estaban Mostovoi, Giovanella, Gustavo López, Berizzo… No guardo especial relación con ellos pero sí se acuerdan de mí. Fue una época que me sirvió para aprender un montón.

– Luego regresas a Ourense otra vez.

– Hasta diciembre, sí, para luego irme al Ciudad de Murcia que militaba en Segunda División. Luchaban por no descender. Vinieron a por mí, me ficharon y luego fue la cosa muy bien. Al principio no jugaba porque claro, pasar de los -5 grados de Ourense a los 25 de Murcia… me costó un poco adaptarme a ese calor, la verdad. Pero fue una experiencia muy bonita, los primeros partidos no jugué pero luego, todo hasta final de temporada.

Recuerdo que en esa primera temporada en el Ciudad nos salvamos en el último partido, en casa del Salamanca, que les ganamos 0-2. Los dos años posteriores casi conseguimos ascender, quedamos cuartos ambas temporadas y fue una pena. (De aquellas sólo ascendían los tres primeros directamente).

Después Quique Pina vendió el equipo y tenías dos opciones: podías quedarte como agente libre o bien irte con él al Granada 74. Yo decidí continuar. No jugué demasiado, lo hice hacia el final de liga y la verdad es que fue todo un poco desastre porque entrenábamos en Granada, íbamos a jugar a Motril, que quedaba a una hora… fue un poco complicado, pero bueno, aprendes de todo, todo son experiencias.

En la primera vuelta con el Granada 74 íbamos primeros, la segunda vuelta fue un horror, porque no conseguimos ganar casi ningún partido.

Fueron muchas las temporadas en las que el exportero alvibermello militó en equipos propiedad del famoso representante de jugadores y comerciante del fútbol Quique Pina. José Juan pasó tanto por el Ciudad de Murcia, como Granada 74 y Granada CF. El Águilas “no era exactamente suyo, pero él tenía conocidos allí”, dice. Hablamos de las aficiones de esos equipos y del propio Quique Pina mientras seguimos dando pasos a lo largo de su carrera.

– ¿Cómo es la masa social de esos clubes? ¿Entidades nuevas que tienen que cambiar de colores y de ciudad por asuntos más allá del deporte? ¿Había gente, había apoyo, eran distintos a los del Celta, Ourense, o Lugo, por ejemplo?

– En Murcia estaban el Ciudad de Murcia y el Real Murcia, este último es el equipo principal de la ciudad, el de toda la vida. El Ciudad tenía una afición como el UCAM esta temporada aproximadamente. Iban al campo 3.500, 4.000 personas más o menos, es una afición pequeñita.

Y en Granada, el Granada CF no acogió muy bien que Pina llevara para allí el equipo además para una división superior, no nos dejaran jugar en los Cármenes… No se lo tomaron muy bien.

– ¿Qué tal con Quique Pina? ¿Cómo diste con él (o él contigo)?

– Quique Pina tiene muchos ojeadores por ahí, me vieron, contactaron conmigo y esa fue la manera. Yo estuve con él ocho años y muy bien, nunca tuve ningún problema ni nada. Ni con él ni con Juan Carlos Cordero, que es su mano derecha. Muy bien siempre.

José Juan con el Granada. | Foto: Miguel Angel Molina.

– ¿El Águilas era también suyo?

– No exactamente. Tenía gente conocida. Tenían un proyecto ambicioso y me fui para allí, pero salió la cosa regular… En la primera vuelta íbamos muy bien pero a medida que avanzaba la temporada empezaron los impagos, la gente lógicamente se quería marchar, pero nos conseguimos salvar.

– Y luego para el Granada en Segunda B, donde estás tres temporadas y vais ascendiendo año a año hasta llegar a Primera.

– Para el Granada en Segunda B, exacto. Cuando más jugué fue ese primer año, ascendimos en Alcorcón. En el partido de ida, en Granada, ganamos 2-0 y allí perdimos 0-1 pero logramos el ascenso. La segunda campaña ya no jugué casi nada, lo hizo Roberto. También conseguimos ascender, contra el Elche en un partido de infarto. Y en Primera, nada, fue un año horrible en cuanto a lesiones. Me rompieron el pómulo dos veces, me salieron piedras en el riñón… Fueron casi seis meses que pasé más tiempo en el hospital que en los campos de fútbol.

– Vamos, que se lo pusiste fácil a Roberto ese último año y lo jugó todo.

– No, no todo tampoco, porque ese año en Primera estuvo también lesionado, lo operaron de la espalda y jugó un portero que habían fichado, Julio César se llamaba.

– Coincidiste con él (con Roberto) en Granada, ahora en el Lugo, en el Celta se marchaba él y llegabas tú. ¿Os conocíais de antes? ¿Tuvisteis buena relación? En Granada fuiste suplente suyo y aquí fue suplente tuyo, ¿generó eso algún pique?

– Lo conocía de verlo jugar y enfrentarme a él, pero de nada más. Siempre tuvimos buena relación, tanto en Granda como aquí. No había piques, allí me tocó a mí apoyarlo desde el banquillo y aquí fue al revés y listo. Son cosas del juego, unas veces juegas y otras no, sin más.

– ¿Sigues sin tener agente? Resulta curioso que estando tanto tiempo con Quique Pina, uno de los representante con más renombre del país y tú no tener ninguno…

– No, ahora tengo uno. Para venir para aquí me ayudó Quique Pina, hablamos con Mouriz y aterricé aquí por mediación suya.

Pero sin duda los mejores años del meta vigués fueron estas cinco campañas en el CD Lugo, equipo al que llegó “un poco de rebote” y del que se va siendo uno de los jugadores más queridos por la afición gracias esa normalidad que destila en todo momento. Un héroe para la grada. Aprendió, disfrutó, hizo amigos y creció como profesional y como persona.

Desde el club no le dedicaron ningún evento de despedida, al menos por el momento. No le permitieron, ni a él ni a nadie, un pequeño homenaje. Se va transmitiendo la sensación de que saborea un regustillo amargo. Gestos indecorosos hacia trabajadores profesionales que día a día aportaban esfuerzo a un club al que simplemente no interesaban.

– Llegas a un Lugo recién ascendido a Segunda de mano de Bouso y Mouriz desvinculándote completamente del mundo Pina, ¿cómo fue la operación?

– Estaba en Albacete, en verano, esperando a ver si me salía algo y me llamó Quique, que necesitaban un portero, porque se había ido Diego Rivas y no me lo pensé, ¡para allá vamos! Y mira, vine así un poco de rebote por el tema de Diego Rivas y fíjate, cinco años aquí fabulosos.

– Aterrizas en un club con una identidad futbolística muy marcada, en el que ya existía una metodología de trabajo y una forma de juego muy particular. ¿Para un futbolista llegar a un club así es positivo?

– Sí, es positivo, porque además a mí siempre me gusta aprender y la forma de jugar de aquel Lugo era muy atractiva, Setién quería que los porteros jugasen mucho con los pies y lo cierto es que sí, aprendí mucho.

– Uno de los momentos más importantes para la entidad fue la conversión en SAD, donde los apoyos populares no llegaban, los días pasaban pero el dinero no acaba de conseguirse, pudiendo incluso perder la categoría que tanto esfuerzo había supuesto conseguir, ¿cómo afectó al vestuario, cómo recuerdas esta época?

– No afectó tanto como podía parecer, porque muchos jugadores, incluido yo, compráramos acciones.

Fueron unos meses complicados porque la gente estaba pensando a ver qué iba a pasar en el club, casi estábamos salvados en esa época y no sabíamos que iban a hacer con los jugadores…

– Más adelante Bouso y Mouriz habían contactado con Gerard López para que éste aportara el restante necesario, una solución que, a priori tranquilizaba a unos y a otros, pero en un movimiento rápido y certero, Saqués se hace con el club sobre la bocina, ¿cómo se vivieron estos tiempos?

– Esa época sí fue ya un poco convulsa, porque iba a venir Gerard, luego apareció Tino Saqués… Fueron unos meses complicados porque la gente estaba pensando a ver qué iba a pasar en el club, casi estábamos salvados en esa época y no sabíamos que iban a hacer con los jugadores… fue, ya te digo, un poco convulso y raro.

– ¿Notas que cambió mucho el club desde que Tino Saqués se hizo con la SAD? ¿Para mejor, para peor?

– Sí que cambió, pero bueno, son ideas diferentes, unos piensan una cosa y otros piensan otra. Cada uno tiene sus ideas.

José Juan en sus inicios del CD Lugo. | Foto: Joma (Marca).

– Lo que sí es cierto es que con la llegada de la nueva directiva, la estabilidad en la entidad no terminó de conseguirse. Luis Milla deja el club completamente por sorpresa, la salida de Jon García en extrañas circunstancias, luego Toni Otero también abandona la disciplina, Emilio de Dios, Chema Vázquez… Figuras importantes que vienen y van. ¿Qué se puede contar de estos asuntos?

– Fue también convulso y raro para el club, no sé, son historias ajenas a mí en las que prefiero no meterme. Pero, por ejemplo, cuando fue el asunto de Milla, llegué esa mañana a entrenar y acababa de enterarme que había dimitido.

– ¿Nadie sabía ni suponía nada?

– Qué va. Yo, ya te digo, me enteré esa misma mañana al levantarme, leyendo la prensa, que había dimitido. Nadie sabía nada, fue una sorpresa para todos y nos quedamos a cuadros porque además íbamos muy bien en la clasificación.

– A propósito de todo esto, ¿qué queda del Lugo al que llegaste tú, cuánto cambiaron las cosas?

– Cambió mucho. Yo llegué con una directiva, ahora hay otra y supuso un cambio radical, formas de trabajo, de ver las cosas…

– A nivel de juego, con Quique Setién las rotaciones en la portería eran habituales. ¿Cómo se vive eso? ¿Te gustaba?

– Hay que llevarlo, ¿no? (risas). Pero bien, se lleva bien. Porque sabes que con él en cualquier momento vas a jugar y eso para el portero es positivo, porque lo mantienes en tensión, listo para entrar en cualquier momento. El jugador siempre va a querer jugar todos los partidos, lógicamente, pero si los dos porteros son más o menos del mismo nivel y lo hacen igual de bien… es como un jugador de campo. Ya te digo, no es lo habitual, pero él lo hizo en el Lugo, también en Las Palmas, me da la sensación de que lo va a volver a hacer en el Betis también y hasta ahora le salió bien.

El jugador siempre va a querer jugar todos los partidos, pero si los dos porteros son más o menos del mismo nivel y lo hacen igual de bien… es como un jugador de campo.

– Pero a lo mejor está cortando rachas buenas de juego.

– Sí, recuerdo que en una de las temporadas yo estaba en un buen momento y me sentó para que entrara Dani Mallo y me fastidió (risas), pero lo llevábamos bien tanto Dani como yo y Yoel, cuando me tocó jugar con él, no había problema.

– Aquí compartiste vestuario con Yoel, Dani Mallo y Roberto, ¿qué destacarías de cada uno de ellos?

– Yoel era muy joven cuando estuvo aquí y ya apuntaba maneras, ya se le veía que podía llegar lejos. Ahora ha pegado un salto de calidad enorme y mira donde está. Este año empezó jugando poco y al final el Eibar lo ha comprado y creo que ha hecho bien. Además se lo merece, ya que en Valencia tuvo mala suerte… No es un equipo fácil el Valencia.

– Sí, porque cuando llegó allí había cuatro porteros, él era el cuarto y cuando tuvo la oportunidad de jugar no le salieron demasiado bien las cosas…

– Sí, pero bueno, al final está otra vez enganchado y me alegro por él que ahora está en Primera División jugando muy bien.

Repecto a Dani Mallo, tiene una calidad altísima, al igual que Roberto. Yo creo que los dos son porteros muy sólidos, con una trayectoria larga e impecable. Además, la edad ya te hace ver las cosas de otra manera…

– Quique Setién, Luis Milla, José Durán, Luis César… ¿Qué destacarías de cada uno de ellos?

– Cada uno tiene sus cosas. A Quique Setién le gustaba jugar al fútbol desde atrás. Para él la pelota era lo primero. Decía que si tenía la pelota el que corría era el contrario y tenía razón, si la tienes tú no la tiene el rival. De Luis Milla destacaría toda su carrera futbolística en el Madrid, Barça, Valencia… como entrenador, luego con la sub 21… Tiene mucho recorrido y eso se notaba. A Durán le gustaba ser muy metódico en los entrenamientos. Igual que Luis César, quien también es muy metódico, estudia mucho al rival, te dice todos los defectos y virtudes que tiene el equipo al que te vas a enfrentar. Es un estudioso del fútbol.

Por la forma de jugar me identifico más con Quique Setién

José Juan y su hija. | Foto: Pedro Agrelo.

– ¿Con cuál te sentías más a gusto?

– Hombre, por la forma de jugar me identifico más con Quique Setién, aunque a Luis César también le gusta jugar desde atrás. Pero de todos aprendí, porque cada uno tiene sus cosas y tienes que sacar los mejor de las enseñanzas de cada uno.

– ¿Qué crees que le faltó al Lugo estos cinco años para sellar las temporadas y llegar a los puestos de playoff? Porque hubo años que se estuvo realmente cerca.

– Sí, el que más cerca estuvimos fue este año. No sé qué nos pasa. Hacemos unas primeras vueltas espectaculares desde que estoy yo aquí, pasamos de 30 puntos siempre, pero en la segunda vuelta no sé qué pasa que nunca alcanzamos los playoff. Y este año lo tuvimos ahí y al final nada. Perdimos dos partidos seguidos, fuimos a Vallecas y perdimos, vino el Girona y perdimos, fuimos a Tenerife y también perdimos…

– Contra Rayo y Girona no, pero contra el Tenerife se hiciera un buen partido, con bastantes oportunidades además.

– Sí, era el partido para engancharse pero no lo consiguiéramos. A ver si la temporada que viene se hiciera una buena segunda vuelta y se pudiera luchar por entrar en los puestos de playoff, como hizo el Huesca este año, por ejemplo, que puede ascender a Primera División.

– Aprovecharon la oportunidad.

– Equipos como el Lugo, el Huesca… tienen que aprovechar esas oportunidades. Puede salirte un año bueno y sin darte cuenta puedes ascender. De todos modos yo creo que esos quipos lo primero que tienen que hacer es pensar es en salvarse porque no es fácil llegar a 50 puntos, cuesta un mundo hacerlos y además la Segunda es tan larga que cuesta un montón. No es una categoría sencilla, cada año es más competitiva, porque bajan equipos potentísimos de Primera División que además tienen esa cláusula por descenso que pueden fichar lo que quieran…

– Así le fue al Levante este año.

– Exacto, le salieron bien las cosas desde el principio llevan ascendidos dos meses. Como te salgan bien las cosas desde el principio con esos equipazos que montan…

– Cambio de tercio. Manu, Pita y Seoane. ¿Cuán importantes son en el vestuario?, ¿qué será del Lugo cuándo ellos no estén?

– Son importantísimos. Llevan aquí muchos años, jugando toda la vida prácticamente y son la base del Lugo y para el Lugo son pilares fundamentales, además de muy buenos compañeros. Cuando no estén no sé, es complicado, porque cuando se va gente que está tanto tiempo aquí es muy difícil reemplazarla.

– A nivel afición sabemos que eres de los jugadores más queridos, pero ¿desde el club te sentiste valorado y apoyado?

– Con la anterior directiva, de Bouso y Mouriz sí; con esta, no tanto.

Salida de los vestuarios. | Foto: Xabi Piñeiro.

– ¿Hubieras seguido en el club si te ofrecieran renovar?

– No me iban a ofrecer renovar, ya lo sabía desde diciembre. Emilio (de Dios) ya se lo comunicó en su día a mi representante. Yo quería saber si me iban a ofrecer renovar porque yo tengo familia, tenía que organizar mi vida y pregunté. Víctor (Moreno) también me dijo lo mismo. Me hubiera gustado seguir aquí.

– ¿A partir de ahora a seguir jugando?

– Sí, estoy muy bien, me encuentro muy bien físicamente, mejor que hace 8 años. ¡Me cuido más! Yo quiero seguir jugando, si es en Segunda, mejor, pero si me tengo que ir para un proyecto de Segunda B que sea para subir, tampoco tengo problema.

– Cada verano que pasaba siempre se rumoreaba que ibas a irte al Albacete, además como tu mujer es de allá, el runrún era perfecto.

– Sí, siempre salían esos rumores pero nunca me iba (risas). La verdad es que irme para allí estaría bien, porque como dices, mi mujer es de allá y tenemos la vida planteada allí cuando deje el fútbol, así que antes o después voy a acabar en Albacete. Si me fichan, bien; si me ficha alguien de cerca, bien también. Pero bueno, nunca se puede decir nada ni hacer cábalas, si llega un equipo con el que no contabas y te ofrece algo interesante y que te gusta, te tienes que ir con él, así que no se pueden hacer planes en este sentido.

‘Cacha’ es grande, ágil, va bien con los pies. Si lo cuidan bien, puede ser el portero del Lugo para muchos años

– Pablo Cacharrón es la esperanza del equipo en la portería, ¿lo ves como el próximo portero del CD Lugo?

– Sí, sin duda, es buen portero. Yo creo que ahora le falta jugar en un Segunda B para que potencie más sus virtudes y después regresar y dar el salto. Cualidades, desde luego, tiene. Es grande, ágil, va bien con los pies. Si lo cuidan bien, puede ser el portero del Lugo para muchos años y eso que jugó en Preferente esta temporada, que es donde está el filial ahora y creo que tiene nivel para más.

– Una cesión a un Segunda B a lo mejor le vendría bien como a Keko y a Pedrosa.

– Sí, igual que a Mario (Barco), mira como ha explotado en Pontevedra y qué bien le ha venido. No sé lo que tienen pensado hacer con Cacha este año, pero vamos, que cualidades desde luego tiene, sin ninguna duda.

– La sociedad, al igual que el fútbol, cambió mucho en estos últimos 20 años, que son casi los que llevas dedicándote a este deporte profesionalmente. Hoy en día compartes vestuario con gente que tienen 19 y 20 años, como Pablo. ¿Qué cosas han cambiado desde que tú tenías esos 19 años, es decir, cómo era el fútbol a tus 19 años cómo es el fútbol ahora para un chaval de 19 años?

– Buf, todo. Antes costaba más llegar, ahora hay más oportunidades. Los chavales no se dan cuenta de las oportunidades que se les están siendo brindadas. Antes se entrenaba en tierra, con piedras, ahora eso ya no existe, hay campos de césped sintético; que antes también los había y eran más fastidados, pero aún así los prefería a la tierra. Allí te dejabas la piel, las rodillas, todo (risas).

El fútbol cambió en todos los sentidos muchísimo, ahora resulta más fácil llegar. Antes tenías que ser el máximo goleador en Segunda B, el portero menos goleado varias veces… ¡para pegar el salto a Segunda! Y de Segunda a Primera… ya te digo, era ya muy difícil llegar a Segunda División. Ahora tienen más facilidades y no se dan cuenta. Chavales que pueden llegar lejos desaprovechan esas oportunidades y es una pena.

– Para acabar, ¿qué hay de Josiño? Porque tú antes eras Josiño y ahora José Juan, ¿cómo es eso?

– Me cambiaron el nombre (risas), fue cuando estaba en Ourense y me fui para el Ciudad de Murcia. Hasta entonces era Josiño, todo el mundo me llamaba así, pero cuando fui para Murcia tenía que poner el nombre en la camiseta, encima del dorsal y claro, no podía poner Josiño y puse José Juan (más risas).

Genio y figura. Un héroe silencioso que con sacrificio y buen hacer ha cautivado a toda la familia rojiblanca, integrándose con las peñas, charlando con la gente, sintiendo los colores, convirtiéndose, en definitiva, en uno aficionado más del CD Lugo. José Juan, te echaremos mucho de menos, conservaremos tu ejemplo y pediremos a quien tengamos de mano más gente como tú, siempre serás uno di noi.

Foto principal: Xabi Piñeiro, Lugoslavia.

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