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Gil y Gil

por Denís Iglesias 24 febrero, 2017
Sergio Gil se encara con Ángel en el partido frente al Real Zaragoza | Foto: LFP.

Populismo fue designada por la Fundación del Español Urgente como la palabra del año. Un galardón para una forma de ser y actuar en el ámbito político y social que no es para nada nueva. En el fútbol tuvo su máxima expresión en dirigentes como Manuel Ruiz de Lopera o José María Caneda, pero sin duda su apóstol fue Jesús Gil y Gil, el perfecto modelo de presidente intervencionista. Opinólgo rodeado de mujeres ligeras de ropa, sufrido antimadridista, con las glándulas sudoríparas disparadas, pero un coach sin igual.

“De mí no se burla nadie”, dijo indignado tras perder contra el Logroñés en el 1995. Dirigió sus iras al pobre Tren Valencia: “Al negro le corto la cabeza”, una caraja xenófoba que en la actualidad le habría llevado a… Bueno, eso es cosa que compete a la justicia tan justita de nuestra atmósfera constitucional. Aún hoy hay quien duda de su muerte. El aliento estridente de este mandatario todavía recorre los pasillos del Vicente Calderón, histórico feudo que aguarda su defunción (y del que es simpatizante el actual presidente del CD Lugo, Tino Saqués). Por los conductos de ventilación de algún estadio se cuela un vaho marbellí que espabila al jugador más alcachofo.

Puede que algo vaya implícito en la heráldica y Sergio Gil, jugador del CD Lugo, haya mutado en su apellido, dejando atrás su nombre. Un mediocentro ying-yang que comenzó como un escolar y que ha terminado por ser un jugador de navaja entre los dientes en el que Luis César deposita su plena confianza. Incluso para sus planteamientos más atribulados, como el desarrollado frente al Elche, donde el infante zaragozano cayó a banda, con Leuko, en lo que fue una pareja complicada con Borja Valle haciendo minería de interior. Y aún así, dio la cara, se revolvió, se vistió con sus nuevas galas y corrió como pudo.

Hay un Sergio Gil antes y después del partido ante el Real Zaragoza

Pero hay un Gil y Gil. Un Gil primaveral, al que hasta las segundas partes le venían grandes. frugal en defensa y en ataque. Al que le faltaba adaptación, como cuando te cambian de colegio. Y otro Gil, que nace en Zaragoza, ante su ex equipo, con la parroquia local comiéndole la oreja y alevosos como Ángel tirándole banderillas. Que se rehizo ante las adversidades, pese a ser un zaragocista de corazón. Ahora, en el campo es un chaval de barrio, malencarado, que pone chinchetas en la cazadora del rival. Surge así el futbolista en ciernes que fue capaz de asumir durante varios partidos la novelesca aventura de sustituir al kaiser Carlos Pita, a día de hoy, obra inédita en la escuadra lucense.

Yelko Pino disputa un balón ante Pelayo frente al Elche | Foto: LFP.

Yelko Pino disputa un balón ante Pelayo, ex del CD Lugo, frente al Elche | Foto: LFP.

Hormona harmónica

Como si el torrentino (no de Ballester) ex presidente del Atlético le agarrara de la pechera, el Gil más junior de todos ha conseguido alejarse de la imagen de promesa perdida y poco participativa. Ahora guarda reposo, por molestias en el tobillo, que pueden dejarle fuera del partido ante el Real Valladolid. Pero ha dejado semilla de vencer, por lo menos, cuando juega en su posición y no en la órbita de otras esferas. Un niño que progresa adecuadamente en todos los sentidos. Marca la senda en la que, con un poco de estima, se han metido otros jugadores como Yelko Pino. Aunque el Lugo pierda y se quede con los pantalones bajados frente a la promoción, en cada partido hay un motivo para no perder la esperanza.

Porque la temporada va más allá del puro presentismo. Saber que el dream teen tiene ganas de crecer y no quedarse en un proyecto de fracaso escolar motiva. Gil recordaba en sus primeros compases a su tocayo Sergio Marcos, militante de la entidad vallisoletana donde tiene mucho que rascar para ganarse un puesto en el once. Jóvenes que son los primeros de sus clases, pero a los que les tiembla el pulso lejos de ellas. Si algo ha de atribuírsele a este CD Lugo es su poder vitamínico para los jugadores más jóvenes. Por eso muchos buscan un Séneca entre murallas, porque el aprendizaje es forzado e integrador. Gil marca el camino, que él mismo ha dibujado partiéndose las espinilleras.

En casos como los de Sergio Gil, la promoción del talento es una absoluta obligación. El doble pivote del CD Lugo necesita un relevo a la voz de ya. Esta jornada, Seoane será baja por sanción y la extrañeza asolará al resto de compañeros. Es tan difícil imaginar un partido sin Pita y el de Tapia… Son el primer amor de muchos habitantes del Anxo Carro, conquistados por el embrujo del Carranza.

Damià Sabater podría tener su oportunidad en el doble pivote ante el Real Valladolid

La carga ahora derivaría en otra apuesta futurible, Damià Sabater, cedido por el Mallorca, al que como al crío de infancia atormentada, le tocará madurar a la fuerza. Podría formar pareja con Pita, suplente ante el Elche, pero al que las circunstancias reclaman tras su lesión. El mediocentro balear ya dio la cara en duelos anteriores, desde el banco. No tendrá tanto tiempo como Gil para resolver la dicotomía entre su cara buena y la de querubín inexperto.

Ahora sería voz protagonista de una orquesta justa, a la que durante gran parte de la temporada le han faltado coros. Acordes pasajeros sin los que no podrá aspirar a nada más que la mediocridad, una etapa más del crecimiento del Lugo, un adolescente hormonado que, pese a sus limitaciones y giros extradeportivos quiere estirar sus sueños por todo un país que sólo le conoce por las tapas gratis.  Y tal, y tal…

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