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Ucrania: Guerra y Fútbol

por Rubén Fernández Dorado 28 octubre, 2016

La imperante guerra civil, la férrea tradición soviética o la catástrofe nuclear de Chernóbil, son las cartas de presentación de un país que en los últimos tiempos se ha visto azotado por un aciago conflicto trasladado desde las calles a los terrenos de juego. Sin embargo, Ucrania es uno de esos lugares en donde el fútbol es rey por tradición e historia y como monarca que es, el fútbol se ha evadido del conflicto y ha continuado su labor, emocionando a sus gentes y dando esperanza a un país desgarrado por la guerra civil. El campeonato no se ha detenido a pesar de que emblemas arquitectónicos como el Dombass Arena de Donetsk, construido para albergar la Eurocopa de 2012, hayan quedado arrasados pasto de los bombardeos que asolan la zona, situada en el epicentro del principal foco separatista.

Ucrania es uno de esos lugares en donde el fútbol es rey por tradición e historia y como monarca que es, el fútbol se ha evadido del conflicto y ha continuado su labor

Esta tensa situación bélica ha producido que equipos de Donetsk hayan tenido que vagar por diferentes zonas del país, buscando un lugar dónde practicar el fútbol sin ninguna clase de riesgo ni para el club ni para sus aficionados. El más afectado ha sido el Shackhtar, actual icono del fútbol ucraniano en Europa y conquistador de las últimas ligas,  que se ha visto zarandeado por la lucha armada hasta el punto de sufrir un plante de buena parte de sus jugadores extranjeros, atemorizados con la actual incertidumbre de la situación del antiguo estado soviético. Ante el riesgo posibles tragedias, y siendo el equipo del este de Ucrania un referente a nivel europeo, la UEFA ha tomado medidas y ha prohibido los enfrentamientos entre clubes rusos y Ucranianos durante la fase de grupos de la Europa League y de la Champions.

Transporte de carros de combate frente al Dombass Arena FOTO: Elgráfico

Transporte de carros de combate frente al Dombass Arena FOTO: Elgráfico

El fútbol ucraniano es, a pesar de todo, una oportunidad para muchos jugadores que buscan probar nuevas experiencias en un campeonato que, si bien dista mucho en nivel si lo comparamos con las grandes ligas europeas, mantiene un calidad competitiva aceptable con varios equipos como son el Dnipro, Shackhtar o Dinamo, clubes que en los últimos años han realizado buenas campañas en competiciones europeas.

Este atractivo de la liga ucraniana ha llevado a que jugadores reconocidos como Lucas Pérez, actual futbolista del Arsenal; o técnicos como Juande Ramos, se hayan trasladado a ese país para realizar su trabajo. Otro de esos viajeros es un viejo conocido de la afición lucense al que la ciudad amurallada guarda muy buen recuerdo. Aitor Fernández, Héroe del Carranza por derecho, ha decidido poner rumbo a la fría Ucrania para recalar en Zirka Kropyvnytsky tras haber recorrido más de siete clubes distintos dentro del campeonato español y haber probado suerte en la India durante el año 2015.

Aitor durante su etapa como jugador del Lugo. FOTO: CD Lugo.

Aitor durante su etapa como jugador del Lugo. FOTO: CD Lugo.

Si realizamos el viaje opuesto, nos encontramos con que son pocos los jugadores ucranianos que han recalado en España, y los que lo han hecho no han tenido la fortuna o la calidad suficiente para llegar a triunfar. El caso más reciente es el del exjugador del Sevilla Yevhen Konoplyanka, que aterrizó en Andalucía como una estrella, y tras una temporada discreta fue traspasado al Shalke 04. A Konoplyanka se le suma además una pequeña lista de nombres como Vasily Rats, Serhiy Pohodin, Olekandr Iakovenko o Artem Kravets. Estos últimos cuatro nombres dejan como dato de su efímero paso por nuestra liga, el no haber disputado una temporada completa ni sumando los partidos disputados por todos. Pero sin duda el fichaje más sonado de un futbolista ucraniano por parte de un equipo de nuestra liga, ha sido el caso de Dmytro Chygrynskiy, la ‘perla’ de 25 millones de euros demandada por Guardiola y llegada desde Donetsk para ser el relevo natural de Carles Puyol en la zaga blaugrana. Todavía a día de hoy se sigue bromeando en Barcelona sobre el desastroso fichaje de Chygrynskiy.

Chygrynskiy celebra un gol con el Shackhtar Donetsk. FOTO: SPORT

Chygrynskiy celebra un gol con el Shackhtar Donetsk. FOTO: SPORT

A pesar de que el Shackhtar es el actual dominador del fútbol ucraniano, históricamente el equipo más laureado tanto a nivel nacional como europeo es el Dinamo de Kiev. El equipo de la capital cuenta en sus vitrinas con dos Recopas de Europa, una Supercopa de Europa, quince Ligas, once Copas de Ucrania y cinco Supercopas. Además existen pocos equipos en el mundo que puedan presumir de haber sido la cuna futbolística de tres jugadores galardonados con el Balón de Oro, dos de ellos mientras todavía integraban la plantilla del Dinamo.

El último jugador ucraniano en conseguir tan alabado trofeo fue Andriy Shevchenko en el año 2004 después de haber levantado la Champions League junto con todos los títulos posibles a nivel nacional en Italia, mientras se encontraba en las filas del AC Milan. Shevchenko es el jugador ucraniano más reconocido del fútbol moderno y el máximo goleador de la selección amarilla; pero para el gran público se escapan dos hombres que, debido al aislamiento político y social de la URSS, no llegaron a proyectarse en el fútbol europeo a pesar de su calidad. El primero es Igor Belanov, que en 1986 sorprendió al fútbol internacional siendo galardonado por France Football con el balón de oro después de ganar la final de la Recopa de Europa al Atlético de Madrid, desarrollando con el Dinamo de Kiev un juego espectacular que asombró a Europa.

 Shevchenko muestra el Balón de Oro a los aficionados del Milan. FOTO: AS

Shevchenko muestra el Balón de Oro a los aficionados del Milan. FOTO: AS

El otro nombre propio ucraniano galardonado con el Balón de Oro es Oleg Blokhin, que no solo ha sido uno de los grandes jugadores ucranianos de la historia, sino que junto al guardameta ruso Lev Yashin, se le considera el mejor jugador soviético, siendo apodado con el sobrenombre de “La flecha ucraniana” o el de “Zar”. Uno de los jugadores con los que se ha comparado a Blokhin es ni más ni menos que Johan Cruyff, por ser ambos jugadores dotados de una gran velocidad que desbordaban a los rivales y llegaban al área fácilmente. Ahí es donde el ucraniano mostraba su clarividencia de cara a gol y su brutal capacidad regateadora, que explotaba de forma ideal con un desequilibrante cambio de ritmo dada su envergadura. El aislacionismo y la férrea administración soviética no ha permitido que el fútbol europeo disfrutara de tener en plantilla a un jugador, que siendo coetáneo con grandes estrellas como el propio Cruyff o Franz Beckembauer, no tiene hoy en día ni la categoría ni el reconocimiento que poseen estos dos genios. Incluso el Real Madrid intentó conseguir sus servicios en varias ocasiones, siendo rechazado una y otra vez por las leyes soviéticas.

Portada de France Football otorgando a Blokhin el Balón de Oro FOTO: FF

Portada de France Football otorgando a Blokhin el Balón de Oro FOTO: FF

El mejor jugador de fútbol la historia de la Unión Soviética nació en la fría Kiev un 3 de noviembre de 1952. Desde muy niño estuvo muy influenciado por el deporte debido a que su madre era una gran atleta y su padre un altivo aficionado al fútbol. Con 10 años pasó a formar parte de las filas del Dinamo de Kiev, donde permaneció durante la mayor parte de su carrera debido a la prohibición que ejercía el gobierno soviético en la salida de sus deportistas del eje comunista. Blokhin deslumbró a su entrenador desde el principio, llevándolo a debutar en el primer equipo del Dinamo con tan solo 17 años para en apenas cinco temporadas hacerse con tres trofeos de máximo goleador, tres campeonatos nacionales, y una Recopa de Europa conquistada frente al Ferencvaros húngaro en 1975. La increíble velocidad del extremo zurdo, junto con sus cambios de ritmo, regates imposibles y su letal definición, encandiló a Europa llevándole a ganar el Balón de Oro en ese año arrasando en las votaciones. El futbolista ucraniano se coronó campeón nacional en ocho ocasiones, levantando además dos Recopas de Europa y una Supercopa, lo que erigió al Dinamo de Kiev como equipo más potente de la historia de la URSS. Blokhin se convirtió en leyenda eterna del equipo de la capital siendo el máximo goleador de su historia, con 266 goles en 581 partidos defendiendo la elástica blanca. El extremo también posee el galardón de ser el jugador que más veces ha vestido la camiseta de la CCCP.

Oleg Blokhin vistiendo la camiseta de la Unión Soviética. FOTO: Kaisermagazine.com

Oleg Blokhin vistiendo la camiseta de la Unión Soviética. FOTO: Kaisermagazine.com

Tras su retirada, Blokhin pasó del césped a los banquillos y eligió Grecia como su lugar predilecto, dirigiendo a las plantillas de Olympiakos, PAOK, Ionikos y AEK sin mucho éxito. Después de su aventura de clubes en Grecia, volvió a

 

Oleg Blokhin durante su etapa como seleccionador.

Oleg Blokhin durante su etapa como seleccionador. FOTO: blogelcruce.com

su tierra natal para ocupar todas las portadas como nuevo seleccionador de la escuadra ucraniana, liderando a la misma a la primera participación en un Mundial. Tras abandonar la selección y ejercer como director deportivo y entrenador en algunos equipos rusos de menor categoría, Blokhin volvió a casa como el líder de un proyecto para arrebatar el totalitarismo del Shackhtar, pero los malos resultados del Dinamo le costaron el cargo.

Ucrania fue la cuna futbolística de una Unión Soviética muy implicada en representar su poderío en todas las áreas, y el deporte era imprescindible para ello. Hoy es un territorio sacudido por la guerra en el que se ha golpeado al equipo clave en el país. Hoy en día es muy difícil que podamos ver un equipo ucraniano con un potencial como el que poseía el Dinamo de Kiev, y que el Atlético de Madrid de Luis Aragonés tuvo que sufrir en sus carnes. La calidad de Blokhin y Belanov entre otros, decanto la famosa final de la Recopa de Europa de 1986, que se llevó el conjunto soviético por tres goles a cero.

 

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