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Antonio Campillo, el 10

por Xabier Piñeiro Neira 28 septiembre, 2016

BOX-TO-BOX

El fútbol moderno tiende cada vez más al olvido y a reinventarse con nuevas fórmulas que dejan obsoletas aquellas que funcionaron en los años dorados de este deporte. Con el paso del tiempo, ha ido menguando el número de jugadores de ataque, han muerto ciertos estilos y han ido apareciendo fenotipos de jugador que antes eran impensables.

El líbero se ha reconvertido en pivote defensivo, el extremo puro ahora sabe jugar al fútbol y se llama “interior”, el carrilero en defensa de 5 es prácticamente un animal en peligro de extinción. Si hasta parece que estorba el delantero centro puro de toda la vida, el ariete. ¿Adónde vamos a parar?

Existe una franja del campo en la que nace el fútbol ofensivo, un área reservada para el 10, número clásico que definía el estilo del portador. En la media punta vivían hasta hace poco dos modelos de jugadores, diferenciados por sus características pero de igual importancia en el juego. Esos dos estilos eran el trequartista italiano y el campillo1box-to-box inglés. El primero era hábil, regateador y generaba juego a través de la conducción y el pase. El segundo supuraba trabajo, presión, olfato y llegada. Probablemente los tres jugadores que mejor han hecho perdurar esa insignia en los últimos años hayan coincidido en el tiempo y en espacio. Frank Lampard en el Chelsea, Steven Gerrard en el Liverpool y, una de mis debilidades personales, Paul Scholes, jugador vital del último Manchester United campeón de Europa. El pelirrojo podía pasarse todo el partido bailando entre las sombras, sin resaltar, equilibrando y oxigenando el juego para, en el momento menos esperado, aparecer desde segunda línea y marcar gol. Era el asesino silencioso.

Ramón Rivas
Centrocampista mixto, con equilibrio defensivo e capacidade para combinar pero, sobre todo, con boa  chegada de segunda liña e un gran disparo.

LA PERSONA CORRECTA EN EL MOMENTO OPORTUNO

Corría el año 2009. Un joven Raúl García se había ganado su fichaje por el Atlético de Madrid unos años antes, tras destacar en Osasuna como mediocentro, al lado de un veterano de lujo como Patxi Puñal. Aquel equipo lo entrenaba el “Vasco” Javier Aguirre, que vio en Raúl a un jugador capaz de manejar el juego gracias a su 1’85m y a su fuerza física. El mejicano le llevó de la mano al Atlético de Madrid e intentó convertir al navarro en el eje del equipo. Por desgracia para Raúl, sus compañeros de baile (auténticas joyas como Cléber Santana, Paulo Assunçao o Maniche) no estuvieron a la altura y depositaron toda la responsabilidad en el joven García. Ni Aguirre, ni Abel Resino ni Quique Sánchez Flores supieron ver que aquel no era el lugar de Raúl y la grada empezó a reaccionar. La mala racha de juego y resultados pusieron al centrocampista en el centro de la diana y pasó lo que tenía que pasar, salió del equipo deshaciendo el camino en 2011, rumbo a El Sadar.campillo2

De nuevo en Osasuna, Raúl se encontró con un panorama distinto. Muy distinto. Mendilíbar no quiso romper la dupla que tenía montada con Puñal y Nekounam, por lo que optó por buscarle un nuevo lugar a Raúl García. Liberado de la creación y el trabajo, le acercó al área. Como consecuencia acabó la temporada marcando 11 goles y siendo la estrella de su equipo, lo que le sirvió para volver al Atlético de Madrid y no abandonar esa nueva demarcación, ya de la mano del Cholo Simeone, nunca más.

Esa manía de los entrenadores modernos por amoldar a los jugadores a un esquema en vez de adaptar el esquema a los jugadores también afectó a un chico que en aquel 2009 jugaba en el Atlético de Madrid “B”. Aquel muchacho de 19 años no era otro que Antonio Campillo.

Daniel Baniela
Un box to box que ha pasado de sufrir de interior a brillar de mediapunta. Y con la pólvora a punto.

 

BUSCANDO EL CAMINO

Forjado en las categorías inferiores del fútbol madrileño, Antonio Campillo pasó por las canteras de Atlético de Madrid, Getafe y Rayo Vallecano, haciendo alguna parada en Collado Villalba y Melilla. Lastrado por las lesiones desde los catorce años, llegando a perderse temporadas enteras por pasar más tiempo en la sala de recuperación y el gimnasio que en el campo, no consiguió la continuidad que necesita un jugador joven para progresar hasta que llegó a Collado Villalba, de la Tercera División madrileña. Allí fue pieza indispensable, aportando ocho goles para meter al equipo en el playoff de ascenso a Segunda B. Esa buena forma le llevó al Rayo Vallecano, donde se hizo fijo para el filial y entrenó en numerosas ocasiones con el primer equipo.

En Vallecas forjó su fama de goleador pero de forma diferente. Siempre había jugado de delantero y ahora lo hacía de mediapunta o incluso de extremo. Empezaba a verse el tipo de jugador que más tarde resultaría ser.

campillo3

La temporada pasada llegó a Lugo, de la mano de Toni Otero y de Luís Milla, con cuyo hijo coincidió en el Rayo “B”. En palabras del presidenteUn jugador joven de mucha proyección” pero que no llegó a explotar en su primer año como albivermello.

A pesar de contar con minutos saliendo desde el banquillo, no fue hasta bien entrada la temporada cuando su nombre se hizo un hueco en el once, siendo utilizado por Milla de interior, paralelo a Pita en un 4-3-3, lo que le obligaba a jugar demasiado lejos del área. Esa posición no era la suya y era algo evidente. Durante los partidos se le veía perdido, buscando su sitio, sin saber muy bien cuál era su labor. Campillo aportaba trabajo e intensidad pero perdía balones y se desubicaba demasiado fácil, lo que hizo que parte de la grada le culpase de la mala racha del equipo. Esta situación no cambió con la marcha de Milla y la llegada de José Durán, que prolongó el error.

Denís Iglesias
Un adicto ó balón, que marabilla con él pegado e que non ten medo de desprenderse del cun zapatazo pero que padece na súa ausencia.

NUEVA TEMPORADA Y RENACIMIENTO

Llega la nueva temporada y aparece un hombre clave en la consolidación del 10 como jugador clave. Luis César Sampedro ha amoldado el esquema a la plantilla y está sabiendo sacar lo mejor de Campillo. Tres goles y dos asistencias en siete partidos jugados le avalan. Pero, ¿cuáles son los motivos de este cambio? Vamos a, por lo menos, intentar encontrarlas:

  • El esquema: El 10 ahora juega de 10. Se ha vuelto a un 4-2-3-1 clásico. Pita lleva el juego, Seoane el trabajo y Campillo queda liberado para, con espacios, moverse por instinto generando peligro con último pase, tiro lejano y gol.
  • El delantero: La baja de Caballero ha hecho que en este inicio de temporada el 9 sea para Joselu, un jugador dinámico, que corre los noventa minutos, que sabe jugar al límite del fuera de juego y arrastrar a los centrales, lo que crea espacios para la segunda línea. Quizás con un jugador más estático como Caballero, esta explosión no fuese tan marcada.
  • Extremos puros: Este año nadie estorba. Jonathan Pereira tenía que jugar por decreto y el único lugar que podía ocupar ante el estado de forma de Caballero, era la banda. La inercia le llevaba a caer al centro habitualmente lo que generaba saturación y desconcierto. Esta temporada la sociedad con Pedraza parece funcionar a la perfección en forma de paredes, de cambios de posición y peligro.
  • Competencia: Ni Sergio Marcos en el curso pasado ni Yelko Pino en este parecen hacerse con los tres cuartos del campo. Luis César probó con el vigués en los primeros partidos en casa, buscando más magia y calidad, pero la falta de físico está siendo un lastre demasiado pesado. Las opciones parecen claras: Campillo indiscutible y Sergio Gil de relevo cuando el partido requiere de más pausa y posesión.
  • Motivación: Ni Milla ni Durán consiguieron conectar con la plantilla. El lenguaje gestual era de apatía y falta de confianza, sin embargo Luis César inyectó sangre extra a un equipo joven que se muestra predispuesto a morder. Sobre el campo se ve a un Campillo valiente, confiado consigo mismo y con sus compañeros, haciéndose dueño del balón parado. Si todo sigue el guion actual, puede y debe ser el año de la confirmación del madrileño como pieza clave y jugador importante.
Borja García
Control e visión dos tres cuartos, pasador preciso e rematados perigoso.
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