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Monseñor Setién

por Ramón Rivas 11 septiembre, 2014

No comenzaré diciendo que la intención de este artículo no es criticar ciertas actitudes del entrenador que nos sacó del letargo y nos ayudó a forjarnos un nombre, por pequeño que sea, en el panorama futbolístico nacional; porque sí la es. Y vamos a aprovechar que nuestro buen amigo Dani, hater de profesión, nos abrió el sendero de la crítica constructiva para intentar ofrecer algo diferente a los aficionados rojiblancos. A aquellos cansados de tanto “Forza Lugo” sin sentido. Creemos una atmósfera de apoyo, pero no incondicional. Aplaudamos cuando el club haga las cosas correctamente, y hagámonos oír cuando la situación sea la opuesta. Que el equipo sepa que la afición está, pero que al mismo tiempo sienta los pasos de nuestra exigencia tras su sombra.

Si desde Lugoslavia un día dedicamos unas palabras a ciertas personas influyentes del entorno del Lugo, hoy le toca a Enrique Setién Solar. Porque el hecho de que cuente con un altísimo crédito en la ciudad (merecido, que conste), no le exime de responsabilidades, ni le eleva al elenco de los dioses. Y si el equipo sufrió para salvar la categoría porque en la segunda vuelta presentó una falta de intensidad alarmante, se dice. Y si hay momentos de los partidos en los que tocamos el balón en la parcela defensiva sin inquietar lo más mínimo al rival, y salimos presumiendo de estilo, también. Y si el segundo gol que nos mete Araújo es para dejar en el banquillo tres meses a toda la defensa, más de lo mismo. Porque cuando pasa esto, en cualquier equipo, el máximo responsable es el entrenador.

No estoy pidiendo la cabeza de nadie, ni mucho menos una revolución en el seno del club, pero sí un mayor nivel de autocrítica, empezando por el cuerpo técnico. Basta ya de justificarnos en el árbitro, la mala suerte, nuestro bajo presupuesto o el estado del terreno de juego. Pocas veces, desde que sigo la actualidad del Club Deportivo Lugo, he escuchado a Quique Setién culparse, tanto a sí mismo como a los jugadores, por una derrota o un mal resultado. A esto, además, hay que añadirle varios episodios polémicos de supuestos enfrentamientos con jugadores, a los que automáticamente ha apartado de la dinámica de grupo, como pueden ser Berodia, Ernesto, o incluso Fran Sandaza. A día de hoy, nadie ha dado la cara y contado a los aficionados lo que realmente pasó dentro del vestuario.

No seré yo el que ponga en duda el papel que Setién está desarrollando al frente del club, porque además de los resultados que hemos obtenido a lo largo de estos cinco años, nos ha dotado de una identidad propia que nos hace reconocibles ante los ojos de toda España, pero si una cosa está clara, tanto en fútbol como en política, y en casi todos los ámbitos de la vida, es que cuando una persona se asienta en su cargo y cree que lo tiene garantizado, no aflora el espíritu de supervivencia y el nivel de esfuerzo decae. Como dijo ayer Dani, “la exigencia debe ser el motor de la institución, desde la afición a la directiva”, y, como no, pasando por el cuerpo técnico.

Foto: LaVozdeGalicia

 

 

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